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En el 2011 un grupo de jóvenes artesanxs y trabajadores autogestionadxs, comenzaron a reunirse para darle forma a una experiencia que marcó historia en Moreno: «La Feria Fin del Mundo» en la Plaza Las Carretas.


La iniciativa en el espacio público tenía un fuerte contenido político social, haciendo historia en el mismo lugar que en las décadas del ’70 y ’80 funcionó la «Feria Municipal».  Aún recuerdo esas mañanas en la que iba con mí abuela Antonia Astolfo de Giménez y entrábamos por la puerta principal ubicada en la esquina de Uruguay y Diagonal Gnecco (actual calle Belgrano) y hacíamos las compras en el bazar de Doña Margarita y Luis Chirola; en la verdulería de Minicucci, en la despensa de Sartori o en la carnicería de Suchi entre otros comercios populares. La feria cerró sus puertas en 1984 y fue demolida a mediados de los años ’90. Ahí, en la Plaza de las Carretas, 27 años después de esa experiencia, otra feria comenzó a escribir su propia historia.  




Un grupo comenzó la idea de recuperar el espacio público, como lugar común de encuentro, y la red de intercambios de producciones locales (materiales y simbólicas) desde un abordaje solidario y cooperativo. La cita que tenían en agenda era siempre los segundos sábados de cada mes en esa plaza


Las jornadas tenían al mediodía  una asamblea, con lxs feriantes y participantes donde se tomaban decisiones que le fueron dando identidad a la construcción colectiva. Así, La Feria del Fin del Mundo, se convirtió en un espacio donde se realizaron talleres socio- educativos, espectáculos artísticos, diversidad de puestos de artesanías y productos del mercado local independiente, todo realizado de forma gratuita.




Lxs integrantes del espacio donde la autogestión era el núcleo fundamental de la feria, trabajaron mucho en el cuidado de lo público, invitando a participar en la limpieza y mejora del lugar antes, durante y al finalizar la feria.


En esos años, en las primeras entrevistas que realicé a quienes llevaban adelante la propuesta de economía social, describían la importancia de esta experiencia que quebró la lógica individualista que dejó el capitalismo salvaje instalado socialmente, y apostaba a construir colectivamente. En cada artesanía y producción, se veía el esfuerzo de revertir la cruda realidad que vivian en las barriadas populares y llevar a la práctica otra lógica de comercialización, anti hegemónica.




En cada jornada mensual en la plaza Las Carretas, no solo estaban lxs puesterxs sino que se realizaban talleres y espectáculos de trabajadores artistas. El espacio se llenaba, el público conocía y se interiorizaba con la iniciativa de autogestión. 




En el 2015, lxs feriantes comenzaron a ser hostigadxs y violentadxs por el brazo represivo estatal, la policía, más la suma de inspectores municipales que querían desalojar. Ese ambiente generó actividades concretas en defensa  de la economía social y cultural independiente y autogestiva. Un proyecto de ordenanza que ingresó al Honorable Concejo Deliberante de Moreno que buscaba que La Feria del Fin del Mundo sea declarada de interés municipal y cultural.


Ante los intentos de desalojo constantes, en 2016 se realizó una Feria de la Resistencia, en la que hubo múltiples artistas colaborando y la comunidad que se acercó acompañar a lxs feriantes. La plaza estuvo llena toda la jornada, siendo una muestra concreta de lo que significaba para la comunidad. 


En esos meses de lucha y ante el constante hostigamiento policial, participé como integrante de la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI ) de un taller sobre el Manual del pequeñx detenidx en la que brindamos información de cómo actuar ante una posible detención arbitraria por parte de la policía. Recuerdo que la jornada comenzó cerca del mediodía. Los puestos de los feriantes le fueron poniendo color a la Plaza de Las Carretas y alrededor de las 19 horas se acercó a metros de nuestra mesa de materiales de CORREPI personal de la Policía Local a pedir documentos a cuatro jóvenes que estaban apoyados en la pared de la plaza. Inmediatamente nos acercamos, y se produjo el siguiente diálogo entre el agente de la fuerza y quién escribe:


– ¿Usted es el encargado de la feria?


– No


– DNI por favor.


– ¿Cuál es el motivo por el que le tengo que mostrar mi DNI?


-Necesito su identificación


– Pero usted no tiene nada que lo identifique…


En el momento en que el personal de la fuerza policial se dio cuenta que teníamos información y herramientas para contrarrestar su hostigamiento, tuvo que desistir de su procedimiento.




Después de esta situación, lxs feriantes nos invitaron hablar a los micrófonos para remarcar la importancia de organizarse y luchar contra las políticas represivas estatales. En ese mismo momento la plaza se llenó de personal de la Policía Local, generando presión y nervios entre la gente. Eso no intimidó para seguir con nuestra postura de denuncia. Al final de la jornada, con mis compañerxs familiares de víctimas de gatillo fácil, nos retiramos acompañadxs por integrantes de la feria y vecinxs a la estación de transportes, lo que fue una medida de seguridad. Esa actitud desafiante y provocadora de la policía, que se vivió en esa jornada, es una muestra de lo que viven día a día quienes pertenecen a la clase obrera, ocupada y desocupada. 


El 23 de diciembre de 2016 se realizó una edición especial de La Feria Del Fin Del Mundo: «Ni una menos también en las cárceles».  Lxs feriantes se sumaron a la lucha de familiares y amigxs de Florencia «La China» Cuellar, asesinadx en la Unidad N° IV del Complejo Penitenciario Federal de Ezeiza, en enero de 2012. En esa jornada compartí algunas canciones con la guitarra y acompañé la resistencia de quienes seguían luchando por sostener la experiencia de autogestión. 


En los siguientes tres años, nada detuvo la organización y la lucha de lxs integrantes de la Feria Fin del Mundo. 




La lucha era sencilla, ellxs querian «seguir siendo trabajadores y trabajadoras sin patrón”. Mantuvieron reuniones con funcionarios del municipio e incluso con el propio Intendente Walter Festa que les mencionó que no estaba interesado en desalojar a la feria y que los apoyaba. La respuesta que ofreció el Poder Ejecutivo fue que La Feria Fin del Mundo pase a ser una feria municipal. Esa idea fue rechazada por lxs feriantes que dejaron en claro que «no querían nada del Estado, ni dinero, ni puestos, ni propaganda, solo exigían que les dejaran trabajar en la Plaza Las Carretas «. 


No hubo respuesta ni soluciones por parte de las gestiones municipales.  El desgaste de tantos años de lucha hicieron que las personas que le habían  dado cuerpo y esfuerzo a la Feria Fin del Mundo dejaran el espacio, quedando compañerxs que la sostuvieron hasta mediados del 2023. 


Pasaron 15 años de esa primera jornada donde un puñado de feriantes iniciaron el camino de esa iniciativa de autogestión que marcó historia en Moreno. Dejó una huella a seguir para quienes apuestan a crear espacio donde lxs trabajadores gestionen su trabajo, sin capitalistas ni gerentes, desarrollando su propia organización, adoptando formas no jerárquicas de organización.




La Feria Fin del Mundo fue un espacio donde lxs feriantes colectivamente decidieron, definieron  y llevaron a la práctica todo aquello que conformó a la feria, sin recibir órdenes y normativas impuestas por  gobiernos municipales, y sin delegar las decisiones y medidas a llevar adelante, siendo protagonistas de una  experiencia de economía social llevada a la práctica.