Por Nazareno La Gamba (Director de Proyectos de la Fundación Metropolitana) /
Moreno se caracteriza históricamente como una ciudad dormitorio que ve partir, todos los días, su fuerza de trabajo y su talento (especialmente los jóvenes) para trabajar y/o estudiar en otros municipios del AMBA. El diagnóstico está claro: el Distrito convive con desafíos estructurales como el desempleo, la falta de infraestructura, la macrocefalia en su zona céntrica, la baja densidad industrial y las brechas en el acceso al conocimiento entre otros. Mientras, el mundo avanza hacia una economía cada vez más atravesada por la inteligencia artificial, el software y la automatización.
Frente a ese escenario, la creación de un Polo Científico y Tecnológico puede ser una respuesta estratégica de desarrollo local.
Para definirlo con precisión: asistencia técnica, capacitación, articulación entre investigación universitaria y demandas productivas, pasantías, radicación de docentes-investigadores e innovación aplicada al territorio. La discusión no es ni debe ser abstracta. En la Argentina, las PyMEs representan la columna vertebral del sistema productivo y el entramado laboral, sobretodo en el Gran Buenos Aires. Pero también es el sector que más sufre el contexto nacional: la escasez de crédito, la falta de planificación y tecnología aplicada al desarrollo, la caída del empleo y de las obras de infraestructura por parte del gobierno nacional. Por eso, pensar un Polo Científico en Moreno implica mirar de frente el problema de fondo e imaginar un futuro posible. Sin un puente real y virtuoso entre producción, conocimiento y Estado, el empleo de calidad se achica y los jóvenes terminan buscando futuro lejos de su lugar de origen.
Hay, sin embargo, una oportunidad histórica. La Economía del Conocimiento ya supera los 285.000 empleos formales en el país, exportó servicios por USD 9.600 millones en 2025 y explica más de la mitad de las ventas externas de servicios argentinos. Además, es un sector con alta calificación y salarios superiores al promedio, lo que demuestra que no estamos hablando de una promesa difusa, sino de una de las pocas áreas capaces de generar divisas, empleo joven y movilidad social ascendente al mismo tiempo. Si queremos insertarnos en el futuro, Moreno no puede quedar afuera de esa dinámica.
A esa tendencia se suma una señal preocupante de la industria tradicional: el INDEC informó que en febrero de 2026 la producción industrial manufacturera cayó 8,7% interanual. Ese dato no debe leerse como una estadística aislada, sino como una advertencia. Cuando la producción retrocede, también se resiente la creación de trabajo, la inversión y la posibilidad de sostener cadenas de valor locales. En ese contexto, un polo en Moreno puede ser una herramienta para modernizar PyMEs, mejorar procesos, sumar tecnología y evitar la desindustrialización.
La propuesta implica generar un esquema de cooperación entre el Estado Municipal, la Universidad Nacional de Moreno (UNM), el sector privado y los parques industriales, con un Polo Tecnológico como columna vertebral. Allí, la inteligencia artificial no sería una consigna de moda, sino una herramienta concreta para la investigación aplicada, la optimización de procesos, el diseño de nuevos productos, la logística inteligente, la automatización de tareas repetitivas y la creación de nuevas oportunidades para jóvenes técnicos, programadores, investigadores y emprendedores. Este tipo de articulación debe desarrollarse como política pública, con living labs, formación, asistencia técnica, laboratorios, incubación de proyectos y transferencia tecnológica de las múltiples opciones que la UNM tiene en su gran capital humano.
Si no generamos espacios para que el conocimiento se traduzca en producción local, seguiremos reproduciendo brechas de desigualdad. La falta de un ecosistema tecnológico propio limita las oportunidades de inserción laboral para los miles de estudiantes que hoy transitan las aulas universitarias en nuestro distrito y que migran diariamente.
Tenemos capital humano, tenemos tradición productiva y fundamentalmente tenemos instituciones capaces de liderar este proceso. Debemos convertir esas capacidades en una estrategia de desarrollo con arraigo, innovación y empleo digno.
La Universidad funciona como motor del conocimiento, es un centro de formación y un laboratorio donde se genera pensamiento crítico e investigación técnica. Su rol es diagnosticar y analizar el territorio, proveer capital humano calificado y generar la transferencia tecnológica necesaria para modernizar procesos productivos.
Los Parques Industriales son el campo de aplicación: Moreno posee una gran densidad de parques industriales en su territorio, estas empresas necesitan innovar para competir.
El Polo Científico actúa como el puente que conecta un problema de producción en una fábrica local con una solución diseñada por investigadores. Y finalmente, el Estado como articulador: El Municipio como el garante de este ecosistema, facilitando infraestructura, incentivos fiscales y marcos normativos que hagan atractivo invertir en innovación.
El desafío es hoy, porque la ciencia y la tecnología son herramientas que pueden funcionar para fortalecer la justicia social del siglo XXI.




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