Por Pavla Ochoa /
No hay dudas que el olvido es lo peor que le puede pasar a un pueblo. Hoy mucha gente camina por la vereda de Avenida Intendente Pagano esquina Maipú desconociendo que en esos edificios, expresión de estos tiempos del negocio inmobiliario del Moreno actual, vivió un vecino muy importante para la comunidad: Jorge Washington Lascalea.

Quién está leyendo este texto seguramente, se esté preguntando: ¿Quién era él?
El Viejo Lasca era hijx de una de las familias tradicionales de Moreno. La vivienda donde residía era una casona estilo francesa.

Él, era preparador físico, se destacaba según sus propias palabras, en el deporte más completo: la «natación». Esto lo llevó a ser «guardavidas» y enseñar en algunos clubes a nadar a muchxs niñxs del distrito. Contó alguna vez que el propio Roberto Arlt, aprendió hacerlo en el tanque de agua que estaba entre los árboles de su casona familiar.
Su conocimiento empírico en el deporte lo llevó a escribir como colaborador en «Crítica», el viejo diario de Natalio Botana. Allí conoció a grandes escritores, como a los hermanos Tuñón, Arlt, Ortega Peña, entre otrxs.
Jorge, era un artesano de la madera. Tenía la virtud de convertir troncos viejos de árboles en una extensión de sus ideas y sentires.
Pero, si algo define a Jorge, es que era «COMUNISTA».
Lo conocí a mediados del año 2001, en los estudios de televisión de Señal Oeste Televisión, donde realizaba una columna de opinión en el noticiero en el que estaba como conductor y productor Rubén Bustamante. Ese día, me llamó la atención de su capacidad de contar historias y darle corporalidad a sus pensamientos. Aún recuerdo ese olor a tabaco que se desprendía de su pipa, y como sus conceptos políticos eran de un alto grado de precisión.
De esos encuentros semanales de televisión, me sumé a sus largas conversaciones en su taller artesanal. Cuando fui, me quedé sorprendidx, era un espacio único, llenó de un pasado que hablaba directamente con el presente.

Y ahí, Jorge formulaba preguntas y opiniones que ponían en jaque a nuestras propias ideas. Siempre tenía a mano, un artículo de una vieja revista o periódico, que alimentaba nuestra curiosidad de exploradorxs del pensamiento.
En el 2003, me tocó ser parte de una aventura compartida con Lasca y Busta, que era sumarme a un programa de radio llamado Recorte Informativo y a la vez compartir, la tarea con ellxs, de periodismo gráfico en el diario local Para Ud!..
Guardo esos días compartidos, en mí memoria y corazón .
Íbamos casi todos los días a esa casona. Pero, disfrutaba a montones, cuando me tocaba ir solx, a buscar los textos de cada semana que él escribía en cualquier papel que encontrará. Cuando no estaba en su taller nos recibía en la casa su hermana Nelly, una trabajadora de la educación pública, que marcó ejemplo en las escuelas donde enseñó.
El Viejo Lascalea tenía la capacidad de recitar poemas de memoria y conectar ideas, de una manera que casi nunca vi. Él era un intelectual de nuestra clase: «la proletaria».
Siempre nos contaba cuando en su casa estuvo Raúl González Tuñón y le preguntaba por el poeta de Luján, «Dardo Dorronzoro», luego desaparecido en los años de Terrorismo de Estado en nuestro país.
Nunca sintetizaba ideas, era un artesano de la dialéctica marxista. Podía arrancar con algo como hilo conductor, irse por las ramas y volver a cerrar con la idea principal. No dudaba en ir a cualquier lugar donde lo invitaran. Obvio, que le gustaba mucho más, si era de origen obrero o de barrios populares.
A veces cuando íbamos a su casa y no estaba encerrado en su covacha, donde funcionaba su taller, lo encontrábamos debajo de los eucaliptus o el nogal familiar leyendo un libro. Nos contaba que fue la persona encargada por el Partido Comunista de cuidar personalmente a Pablo Neruda, en su clandestinidad argentina en Moreno. Hacía pausas eternas con su pipa, y nos daba detalles de ese trato personal con el poeta ,en la finca “El Descanso”, que estaba ubicada en la calle Uruguay a tres cuadras de la colectora Gaona Sur. En esa casa, donde funcionaba un Centro de Estudios Políticos Latinoamericanos del PC, se refugió el poeta. Una noche, Neruda fue a la casa de Lasca, donde entre asados tenían una tertulia literaria, cuando de la nada misma, de sorpresa, llegó el poeta cubano, Nicolás Guillén, que se encontraba en Buenos Aires para editar su libro » Rosa Blindada». En uno de esos textos escritos para el diario Para Ud !… recordó ese encuentro: “Guillén cantaba y Neruda hacía bromas, ambos llenos de ingenio, maravillosos los dos”.

Y escribió lo mismo que nos relataba oralmente, cuando se refería a su trato con Neruda: “Con Pablo se podía conversar de cualquier cosa y sin tomar la postura de catedrático enseñaba conceptos de vida. De sus frases salían la fraternidad, el perdón y hasta la inteligencia para enojarse. Siempre se mostró vital y contento aunque también tenía sus silencios”.
Eran mágicos esos momento en que El Viejo Lascalea desataba los nudos de la memoria y la compartía para todxs.
Continuará…




MÁS HISTORIAS
Música morenense en la Costa Atlántica: Se Viene Mariel, hit de verano
Dale Patricia (Bullrich), si sos amiga de los Bomberos Voluntarios
La Cartelera del «Buzón Rojo»