Por Pavla Ochoa /
La cartelera del «Buzón Rojo» fue muy popular en Moreno por funcionar como una «bolsa de empleo», donde se encontraba ofertas laborales y las personas también ofrecían su experiencia laboral.
En esos días en que la forma de buscar trabajo era a través del suplemento de «clasificados» que salía en Clarín o en la revista «Segunda Mano», esa vereda de la calle Libertador comenzó a tener protagonismo en la comunidad.
Quienes íbamos o pasábamos por ahí, observábamos la solidaridad entre quienes buscaban trabajo. Era moneda corriente ver que alguien comentaba alguna información sobre lo que se pedía en un cartel pegado en la madera, que ayudaba a consolidar la búsqueda o simplemente le indicaba como viajar para llegar a destino.

En el 2004, me tocó estar del otro lado del mostrador, es decir pegando volantes ofreciendo trabajo. Esto sucedió, cuando mí viejo Alfredo, me mandaba en las tardes a esa cartelera morenense a llevarle al kioskero, la fotocopia ofreciendo trabajo para el «Pool Sandokan» de Paso del Rey. Esta experiencia fue de corto plazo, porque renuncié al laburo con la familia y volví a mí lugar en la cartelera; con papel y birome en mano, a buscar algo para alimentar el hambre del día a día.
El avance de la tecnología doméstica hizo que sacar una foto desde un celular o llamar directamente al número telefónico sea la nueva modalidad que absorbió la manera antigua, haciendo que anotar o consultar la información fuera algo de segundos.
Esos cambios y nuevas formas en la relación social generó que ésta actividad laboral popular, suceda actualmente por grupos de Facebook o historias de WhatsApp, generando que en estos días de 2026 sea un locura imaginar esa vereda repleta de gente prestando atención a hojas de papel pegados con cinta scotch en la cartelera. Pero esto sucedió en nuestro distrito y es parte de nuestra historia como pueblo trabajador.
La gente iba, no solo a la cartelera del Libertador, sino también a la que estaba al lado de la Biblioteca Mariano Moreno. Y si eras musicx te acercabas a la que estaba dentro del local de instrumentos Melody. Así era todo en esos años.
Desde principios del 2020 la cartelera no está en funcionamiento y no hay ningún indicio de su existencia. En el lugar, solo queda el buzón que en 1998 Antonio Cesar Gómez Incalza, Jefe de la Sucursal Moreno Comercial, le entregó personalmente al señor Omar Jauregui que tenía en esos años, un local polirubro y de unidad postal.
La gente camina a la velocidad de las cosas sin detener su andar. Suele verse a algunxs vecinxs restaurar – ante las reiteradas pegatineadas de afiches políticos en épocas de elecciones – al buzón que proponen que sea declarado patrimonio histórico y que se lo traslade al Museo Almancio Alcorta. Pero nada quedó de esa cartelera que supo ser una herramienta de inclusión laboral, que atravesó desde 1998 los gobiernos locales de Mariano West, Andrés Arregui y Walter Festa.
La cartelera no existe desde hace 6 años pero aún permanece en el inconciente colectivo del pueblo, que lucha contra el olvido y la velocidad de estos tiempos que lo devora todo.
Quiees fuimos casi todos los días a la calle Libertador en búsqueda de algo que nos haga parar la olla, sabemos que en esa iniciativa se podía encontrar una solución a la economía individual y colectiva de quienes habitamos ese Moreno que parece estar desapareciendo, pero que es huella de identidad para nuestro pueblo en tiempos de salvaje capitalismo. El contexto actual nos exige mirar hacia las experiencias anteriores, aprender de ellas, conversar sobre vivencias y necesidades del ayer, porque esa memoria nos permitirá abrir posibilidades de futuro y caminos… en los días por venir.




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