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Por Pavla Ochoa /


Hablar de lo que sucedió hace 50 años atrás en nuestro país es hacer verbo a la memoria, en un momento donde el negacionismo y la represión son política de Estado. Contar la historia de María Cristina Cournou Heredia, secuestrada y desaparecidx Paso del Rey el martes 22 de junio de 1976 junto a su esposx Claudio Nicolás Grandi Rebollo, es sostener la lucha por lxs 30.400 compañerxs desaparecidxs en la última dictadura cívica militar eclesiástica en nuestro país.


Pienso en cada acción de lucha que se fue haciendo en Moreno por ellxs en los últimos 50 años y recuerdo la jornada del martes 5 de septiembre de 2017. Se realizó en la sede de la Universidad Nacional de Moreno, una actividad por la memoria activa sobre los crímenes realizados por el Terrorismo de Estado en la última dictadura cívica, eclesiástica, en nuestro país. Esa tarde noche fui a la charla debate en el marco del II Seminario “Los Derechos Humanos en el Siglo XXI: Escenarios Históricos y Desafíos Actuales”, donde estuvieron presentes Víctor Heredia, cantautor y familiar de detenidxs y desaparecidxs, y Nora Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora, hablando de su lucha por la memoria, la verdad y la justicia. Eran jornadas muy agitadas en esos días porque estábamos luchando por la aparición con vida de Santiago Maldonado.


La sala estaba llena cuando Víctor Heredia, inició la jornada (en ese momento aún no había llegado al lugar Norita), leyendo la carta abierta para su hermanx, Cristina Cournou, desaparecida en 1976 junto a su compañerx de vida, Nicolás Grandi: “¿Dos por uno? Estoy de acuerdo pero quiero lo mismo para los míos, mis queridos. Esa conmutación de pena, de dolores, de picana, de disparo fatal y feroz escalofrío. Quiero la mitad del recorrido de la bala que los asesinó, que el cañón con que violaron a Cristina se quede a mitad de camino, que la trompada no llegue a destino, que la dejen amamantar a su hijo un poco más, para que esa ternura tape el olor a carne quemada que percibo cuando entro a Capucha o Capuchita. Quiero exactamente la mitad de todo lo que padecieron. Es decir que de tanto conmutar padecimientos al fin me los devuelvan con vida. Quiero al nieto de mi madre, a mi sobrino nacido en cautiverio, ese que por razones inconmutables nunca pudimos abrazar. Sí, quiero a mi hermana y a mi padre, los quiero aquí de nuevo como hace cuarenta años. ¿No les parece justo? Un dos por uno que retire ese océano de llanto que nos ahogó día a día en la desesperada espera. ¡Quiero ahora mismo la mitad de mi dolor, de mis temores, de mi exilio! ¿No pueden? ¿Cómo que no pueden? ¿Acaso no son capaces de torcer nuestra memoria? ¿De pretender que un asesino ya no lo es más porque se puso viejo? ¿Los devuelven a casa? Muy bien: ¿dónde están mis amigos? ¿Dónde están nuestros hijos, nuestros padres y hermanos? Les recuerdo una cosa: Todavía cantamos. Todavía pedimos. Todavía soñamos. ¡Todavía esperamos!«.




Al finalizar la lectura nacieron las preguntas que se abrieron al salón repleto de personas que se acercaron a la jornada. Y ahí le hice una consulta, teniendo en cuenta como referencia las miles de charlas con el “Viejo” Jorge Lascalea, sobre lo sucedido con Cristina y Nicolás en Paso del Rey en esa siniestra década.


Entendiendo que hoy le damos un carácter activo a la memoria y no quedarnos en la perversidad del sistema, sabiendo que tenían una vida y sueños ¿cómo eran ellos?


En el momento de su secuestro, mi hermana tenía 28 años, estaba embarazada de 4 meses y trabajaba como maestra en la Escuela 19 de Moreno. La noticia de lo que sucedió con ella y mi cuñado fue como una bomba para mi familia. Ningún abogado de esta zona quería presentar un Habeas Corpus, lo logramos con uno de Avellaneda que se animó. Hicimos todo que se hacía con los que sufríamos la desaparición forzada de nuestros seres queridos, recorrimos comisarías y cuarteles militares y no conseguíamos ninguna noticia. Había un pacto de silencio, el calvario para las madres y para la familia es no saber nada. Nosotros no nos hemos despedido y eso es terrorífico para la psiquis de una persona.




Me quedé, mirando fijo la mirada de Víctor Heredia. Había mucho dolor, cicatrices que aún no cierran. Luego de otras preguntas, Heredia cerró a capela con su canción “Todavía Cantamos”.


En octubre de 2018, Daniel Rafecas, a cargo del Juzgado Federal de Instrucción 3, elevó a juicio la causa que investigó las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la última dictadura contra aquel grupo del PRT-ERP efectuada por integrantes del RI6 de Mercedes, provincia de Buenos Aires: Luis Fernández Bustos, Serapio del Río, Gustavo González Sass, Emilio Morello, Horacio Linari, Luis Brun y Martín Sánchez Zinny, Alberto Schollaert y Rubén Andrade, fueron detenidxs y procesados en la misma causa que quedó a cargo de Tribunal Oral Federal 2 de Capital  Federal. 




En  el 2022, en medio de la instancia judicial, fue separado por problema de salud el ex militar Alberto Ramón Schollaert, quien luego falleció. Por este hecho el juicio continúo solo por cinco hechos del masivo operativo del 10 de julio de 1976 en la imprenta del PRT ERP que funcionaba en una casa de la localidad de San Andrés, en el que se investigaba el secuestro y tormentos a Pablo Pavich, el secuestro de una persona sin identificar y el homicidio agravado de Jorge Emilio Arancibia; y el secuestro el 14 de junio de 1976 en Haedo de Pedro Oscar Martucci y Rocío Ángela Martínez Borbolla. El caso de Cristina Cournou y Nicolás Grandi como la mayoría de los casos, fueron excluidos del debate por el tribunal.


Víctor Heredia, el hermano de la Negra, en un video desgarrador puso en palabras lo que sentían lxs familiares: «Creo que todos tenemos derecho a conocer la verdad. Y no permitir la declaración y la búsqueda de esa verdad a los testigos y a los familiares directos de desaparecidos me parece una aberración. Tenemos derecho a que el Estado Argentino nos conceda esa posibilidad. Llegar a la verdad es lo que corresponde”.


En agosto de 2022, el TOF 2 calificó los crímenes como delitos de lesa humanidad y condenó a Martín Eduardo Sánchez Zinny, Emilio Pedro Morello y Horacio Linari a la pena máxima y mantuvo sus prisiones domiciliarias, mientras que absolvió a Luis Alberto Brun y a Rubén Osmar Andrade. En el 2024, tras las apelaciones de las defensas de los genocidas, la Cámara de Casación Penal confirmó la implicación de los genocidas en los hechos pero modificó su calificación como «Homicidio Simple» a lo que el TOF 2 determinó condenas que oscilan entre los 8 y 25 años. En septiembre del 2025, la justicia federal liberó al represor Sánchez Zinny, lo excarceló por haber cumplido dos tercios de la pena.


Pienso en lxs familiares, en Antonia Heredia que falleció  en 2015 sin saber nada de su nietx, en Yamila Grandi y Víctor Heredia que siguen esperando a esx hermanx y sobrinx a 50 años del secuestro de Nico y Cristina.


Entiendo que nuestra tarea es hacer memoria activa y nombrar a las personas desaparecidas en Moreno en la última dictadura en nuestro país. Es hacer justicia colectiva: Vitoria Abdonur, Carlos Ángel Acosta, María Acosta  Michaelsen, Nelson Alberto Agorio Rothen, Julio Osvaldo Alfonso Benítez, Julio Antonio Altamirano, María Elena Añadió, Juan Carlos Arroyo, Osvaldo Domingo Balbi, Adrián Ceferino Ballestero, Miguel Ángel Barbería, Juan Carlos Barrera, Juan Pedro Barrientos, Rodolfo Mario Borroni, Miguel Ángel Brochero, Luis Alberto Cabrera,  María Mercedes Camiou, José Antonio Carrazán,  Enrique Carreño,Rosa María Casariego, Claudio  Casoy Granovsky, Héctor Geraldo Chávez, Eduardo Benito Corvalán,  Maria Cristina Cournou Heredia, Enrique Jose Cuella,  Roberto Andrés  Curtino, Juan Carlos Deghi, Juan Domingo Del Gesso, María Teresa Di Martino, Julia Rosa Dublanski,  Héctor Oscar Echeverría, Carlos Guillermo Gerónimo Elena, Luca Escobar , Luis Mario Fachino, Adolfo Nelson  Fontanella, Jorge “el Misio” Fraga Andrade, Osvaldo Enrique Fraga Tenorio, Marta Inés Franzosi, Emilia Susana Gaggero, Horacio Francisco Gándara, Gladys Emid Gaspari, Ricardo Mario Ghigliazza, Carlos Alberto Gil Grillo, Ricardo Gabriel Giménez,Tránsito Giménez, ,María Rita Giordano Carrizo, Víctor Hugo González, Claudio Nicolás Grandi Rebollo,  Ana Maria Del Valle Heinz,  Leonor Inés Herrera, Juan Pedro Ivaldi Abrigatto, Luis Ramón Ledesma, Javier Alberto López Carballo, Raquel Jorgelina Mangin, Juan Santiago Mangini, María Celina Blanca Martelli, Héctor Eliseo Martínez, Ruperto Méndez, Faustino Juan Mesa, Oscar Miranda Silva, Juan Carlos Monges, Beatriz Nidia  Muñoz, Víctor Cándido Ochoa , Ricardo Orozco Delaney, Rodolfo Ortiz, Pablo Pavich, Jorge Pedreira Brum,  Miguel Ángel Peyrano, Juan Hipólito Pidutti, Carlos Alberto Pita, Gladys Del Valle Porcel, Stella Maris  Quiroga, Aida Cecilia   Rodríguez Heymen, Miguel Angel Roldán Deruvo,  Esteban Roldán Deruvo, Juan Antonio Romero,  José Alberto Romero Stagnaro, Mario Valerio “Pancho” Sánchez, Matilde Norma Sánchez,Cesar Agusto Sandoval, Nélida Del Valle Santervaz, Carlos Martín Schreiber, Jorge Alberto Schreiber, Luis Ismael Silva,  Norma Sìntora, Samuel Leonardo Slutzky,  Marta Angélica  Taboada,  Irma Noemí “Mimi” Tardivo, Juan Domingo Tejerina, Eva Silvia Ulmann Bohm, Agustín Hilario Ulrich, Juan Alberto Uriarte, José Valentich y Rosalía Zarza. 




Escribo este texto con mis recientes 50 años. Nací dos meses antes de ese 24 de marzo de 1976. Soy hijx del miedo, ya que muchas fobias provienen de mis primeros años de vida. Por mucho tiempo, sentí que viví en una vida paralela a lo que estaba sucediendo en esos momentos, con poca información de mis familiares y los medios de comunicación. Tuve la suerte de cruzarme en la vida con personas que me contaron los crímenes sucedidos en ese periodo nefasto de nuestro país y aprender día a día el grito colectivo de :»¡Nunca Más!».


En estos momentos donde el Estado Argentino, está avalando narrativas negacionistas, hablar de Nicolás Grandi Rebollo y Cristina Cournou Heredia y de las víctimas del terrorismo de Estado en Moreno, es recuperar la memoria de la lucha contra la impunidad a las nuevas generaciones.