Por Pavla Ochoa /
El 22 de junio de 1976 un comando del Ejército llegó a Paso del Rey, entró a la casa donde vivía María Cristina Cournou Heredia y la secuestró junto a su compañerx de vida Claudio Nicolás Grandi Rebollo. Todo el accionar del terror, fue realizado ante la mirada de lx hijx de ambxs, de dos años Yamila Grandi Heredia. En el momento del operativo represivo, Cristina estaba embarazada de 4 meses. A 50 años de lo sucedido esa madrugada, la familia Heredia Grandi sigue buscando y esperando a ese bebé que debió nacer en cautiverio y sigue desaparecidx.
En un contexto actual en el que se revaloriza la represión y el accionar de los militares, es necesario hablar de los crímenes de lesa humanidad en nuestro país y particularmente en nuestro distrito. Quien escribe, solo tenía 150 días de vida cuando sucedió el secuestro de Nico y Cristina. En mí casa no se hablaba del Terrorismo de Estado. Solo recuerdo ese minuto de silencio que nos hacían hacer al entrar y salir de la escuela primaria, por lxs soldadxs que estaban combatiendo en las Islas Malvinas. Obviamente, con 6 años de edad, no teníamos ni idea de lo que estaba sucediendo en el país. Lo que recuerdo es la sorpresa que me generó en 1983 ver por primera vez las calles de La Perlita, puntualmente la Marcos Del Bueno, pegatineada sus paredes con afiches de los candidatos presidenciales del peronismo y radicalismo: Ìtalo Argentino Luder y Raúl Ricardo Alfonsín. Era tan notable el cambio de la pulsacion política y social que se vivía en esos días que yo, sin entender nada, casi como un juego, juntaba las boletas y las pegaba en la madera de la parte de atrás de la vieja camioneta Chevrolet de mí abuelo Antonio, copiando lo que veía en la vía pública.
Sobre los delitos de lesa humanidad de esos años, recién me informé muchos años después. En una vieja revista magazine «Siete Días «, donde la nota principal era el hallazgo de cuerpos NN en el Cementerio de Moreno. Transité mi adolescencia en pleno neoliberalismo menemista con las leyes de Punto Final y Obediencia Debida que les brindó impunidad a los criminales de Estado. La respuesta de repudio vino de la organización H.I.J.O.S. que comenzó con una herramienta de lucha que significó decirle a la sociedad: «Si no hay justicia, hay escrache». Era pararse de frente a las políticas que proponía el peronismo de esos años, sobre los hechos sucedidos en la última dictadura cívica militar eclesiástica en Argentina.
Recién en 2003, en voz del propio Jorge Lascalea, mi compañerx del programa de radio «Recorte Informativo y del Diario ParaUd!.., pude saber que sucedió con el secuestro de Cristina y Nicolás. Aún recuerdo los silencios y el quiebre de voz en Lasca a la hora de contarnos el horror sucedido en Paso del Rey.
Al cumplirse 30 años del secuestro de sus camaradas de lucha y amigxs, El Viejo Lasca impulsó una actividad en Paso del Rey para mantener viva la memoria. Ese 19 de junio de 2006, se realizó un mural en un pared que daba a las vías del tren, y en la estructura de la vieja estación que estaba en la Plaza de Paso de Rey, se hizo un acto donde participaron entre otrxs Yamila Grandi Heredia, Antonia Heredia Grandi e Iris Pereyra Avellaneda.

Ese día «El Viejo Lascalea», habló en los micrófonos recordando como junto a Antonia Heredia y Camilo Cournou, habían iniciado la búsqueda por ambxs . Ahí, ante todxs, destacó que Cristina era una luchadora increíble. Una maestra que generaba que sus colegas, padres, madres y estudiantes la quisieran por su ternura revolucionaria. La Negra, siempre estaba preocupada por la cuestiones gremiales de lxs docentes, pero eran lxs chicxs su preocupación principal. Cuando habló de Nico, lo mencionó como un intelectual de la clase obrera, un escritor, periodista y poeta, al servicio de las luchas populares. Cuando escuché ese discurso tan sentido para sus ex camaradas del Partido Comunista, dimensioné las vidas arrebatadas por el Terrorismo de Estado.
De reojo vi a Antonia que prestaba atención a cada palabra y su mirada era la de una madre que buscó desde el primer momento, que tal vez pensó en esos primeros y eternos minutos que solo era un procedimiento de rutina, que estaban detenidxs, nada más. Pero al pasar los días, los meses, los años, nunca pudo saber dónde estuvieron. Esa mujer, en el término de un año, se quedó sin su hijx, sin su yernx y sin su maridx, porque para Camilo fue muy duro soportar la desaparición de María Cristina y falleció. Ellx siguió la lucha, golpeó puertas de abogados, presentó hábeas corpus, reuniones con militares, con la Iglesia. Llegó hasta el Vaticano, pero nada, en ningún lugar le dieron respuestas.

Esa tarde de 2006 me quedé hablando con Pedro Kaszycki, compañerx de ambxs en el PC y en la Casa de la Cultura de Moreno, donde participaban en el grupo de literatura. Me contó como, con Cristina y Nico, habían salido a días del 24 de marzo de 1976 a pintar contra el golpe. Pensé en ellxs y en todxs con ideales y compromiso social y político que lucharon por la transformación revolucionaria de la sociedad.
A los meses se realizó una proyección del documental «Buscando Mandarinas» en la sede de SUTEBA MORENO, que lleva actualmente el nombre de Cristina Cournou. En la pantalla pude ver y escuchar el testimonio de lxs familiares, amigxs y compañerxs militantes de Nico y la Negra. Y pude observar la emoción en los ojos de El Viejo Lasca, Pedro y Roberto Díaz, compañero de ambxs en la Casa de la Cultura.

A 20 años de esos dos momentos, pienso en las dimensiones del tiempo y la ausencia que agigantan recuerdos y también el compromiso de mantener el fuego de la memoria encendida. Así lo entendió su pueblo que el 9 de septiembre de 2010, el Jardín N° 948 pasó a llamarse María Cristina Cournou«, y lo mismo sucedió el 28 de octubre de 2011 cuando la comunidad de por aquel entonces, Escuela de Educación Media N° 215 de Paso del Rey, lo eligió.

El 11 de diciembre de 2012, producto de una investigación realizada por Ernesto «Coco» Lombardi y sus hijxs, se presentó la querella colectiva impulsada por lxs familiares de las víctimas por delitos de lesa humanidad cometidos desde el Regimiento de Infantería Mecanizada (RIM) 6 de Mercedes, con el objetivo que los casos de Rocío Ángela Martínez Borbolla, Pedro Oscar Martucci, Oscar Alcides Peralta, María Cristina Cournou Heredia, Claudio Nicolás Grandi, Rubén Raúl Maggio, Graciela Esther Erramuspe, Sebastián Dardo Dorronzoro, Beatriz Elisa Grafia, Arnaldo Clemente Delbene, Omar Santiago Siina, Raúl Esteban Aguirre, Jorge Leonardo Elischer, Pablo Pavich, Ricardo Antonio Petraglia, Jorge Raúl Segovia Acosta, Enrique Guerrero, María de los Angeles Torres, Liliana Cavalli, Silvia Fernanda Gallart , Irma Noemí Tardivo, Julio Alfredo Navarro, Juan Benedicto Maiorano, Juan Carlos García Del Val, Rudyar Eduardo García, Alejandro Daniel Masriera, Jorge Emilio Arancibia, NN, Arnaldo Haroldo Buffa, Hilda Vergara de Buffa, Vicente Omar Pascarelli Ávalos y Alcides Carlos Ramírez, sean investigados por el Juzgado Federal de Instrucción N° 3 a cargo de Daniel Rafecas y se eleven a juicio como una causa colectiva y no causas individuales, ya que los hechos sucedidos entre mayo y julio de 1976, fueron efectuados por integrantes del RI6 de Mercedes.
A partir del texto de la querella, que me compartió por Whatsapp el propio Coco Lombardi, pude informarme del testimonio de Leonardo Nolasco, responsable del PC en esos años, que Nico y La Negra, siendo afiliadxs al Partido Comunista (PC) estaban militando en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Esto generó una sanción para ambxs, que terminó con el retiro de sus respectivos carnet de afiliación.

En el mismo texto colectivo, la declaración de Yamila Grandi (hijx de ambxs) es desgarradora porque revive lo sucedido el 22 de junio de 1976 en Paso Del Rey: “Al momento del secuestro yo tenía dos años y medio. El relato que puedo hacer está basado en los fragmentos que han quedado en mi memoria. Vale decir que a esta altura no puedo discernir a ciencia cierta qué es recuerdo y qué fantasía y/o construcción en base a relatos que posteriormente escuché sobre el secuestro en boca de terceros; de mis abuelas, Julia Rebollo de Grandi y Antonia Jesús Heredia, especialmente. Es de noche. Se escuchan golpes fuertes a la puerta. Gritos. Gente ingresa en la casa con violencia y van hacia el interior de la misma. Mi habitación es la que está más al fondo. Llegan hasta ahí. Me cubro la cara con una sábana. Mis padres se resisten. Lloran. Los golpean. (Salto en el tiempo y blanco en mi memoria. No recuerdo cómo salgo de la casa, me cuentan después que fui ingresada a la casa de la vecina por la ventana). Me encuentro en la casa de la vecina. La veo tratando de calmarme. Lloro desconsolada, pido por mi mamá. Ella no se da cuenta, pero tiene un velador que me da directamente en la cara y la luz me lastima. En la pared hay un poster: un equipo de rugby. La casa quedó desordenada, y con algunas cosas rotas. También robaron varios objetos. Creo que algún electrodoméstico y una colección de pipas. Robaron nuestro auto: un Ami8 color naranja que era nuevo. Se llevaron del auto toda la documentación. Yo no logro recordarlo, pero sé que esa noche, mi padre me dejó un mensaje escrito en la puerta de mi habitación. Dice: «Yamila te quiero mucho y a tu mamá la amo». Conservamos esa puerta todavía”.

Al leer este testimonio entendí de lleno la lucha de la familia y de compañerxs de militancia que nunca dejaron de exigir la aparición con vida de Nico y Cristina, y la del bebé que estaban esperando en el momento que fueron secuestradxs.
Continuará…




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