Hacer rock en Moreno, en pleno corazón del neoliberalismo de los 90, era emprender un viaje contra viento y marea. Lxs jóvenes de las barriadas populares aceptaban las condiciones de juego y hacían nacer grupos locales, mostrando su música y sus letras, que casi siempre constituían una fuerte crítica a la política del Gobierno Nacional de Carlos Saúl Menem, quien implementaba su plan de convertibilidad y de privatización de empresas estatales. En tiempos en que los ricos se hacían más ricos y lxs pobres más pobres, en el barrio Jardines I surgió un grupo de rock que dejó su huella en estos pagos: NORMAL 47.
En esos días, cada fin de semana las bandas morenenses se presentaban en escenarios como La Colmena, El Fek-67 Bis, Terrafirme, Bru-Bar y La Clave, entre otros lugares donde crecía el under local. Blanca Flor, Los Hongos Sagrados, Los Autistas, Póker de Blues, El Gorro, Tía Puerca, Hi-Fi, El Bizcocho, La Purga, El Gurú, Carnaza Común, Factor, Los Huérfanos Quintillizos, La Piculina, Asesinato en Masa, La Fragua, FA Sostenido, Maden, 4 Almas, Mozambique, entre otras, le daban forma al movimiento morenense que agitaba al oeste del conurbano.
La Piojera y La Palmera eran las salas de ensayo donde lxs jóvenes moldeaban y pulían sus composiciones propias.
Esa chispa generó que, en cada barrio del distrito, quienes éramos jóvenes nos animáramos a convertirnos en músicxs para mostrar nuestro arte en el centro de la ciudad. En 1995, en el barrio Jardines I de Moreno, donde crecí en mi adolescencia, prendió la semilla rockera mientras jugábamos a la pelota y comenzábamos con nuestras primeras experiencias laborales, casi siempre changas para pucherear. Entonces, comenzamos a juntarnos con guitarras acústicas en las veredas para sacar acordes y canciones ajenas.
En la vereda de la casa de Waldemar Moreira Zubrigk, ubicada en las esquinas de Canadá y Democracia, bajo el dragón de metal que escupía agua, Marcelo Lara me comenzó a enseñar lo que iba aprendiendo del instrumento que le compartían Juan Yrrazabal, Leonardo Ramírez y Claudio Passini. Al poco tiempo, comenzamos a juntarnos a tocar y a ensayar covers de The Beatles y Creedence Clearwater Revival, junto con las primeras canciones propias que iban surgiendo día a día.
Después de aceitar los engranajes colectivos, tocamos bajo el nombre de «LELANCLA» por primera vez en la plaza del barrio, donde funcionaba «el pañol» de los obreros que construyeron lo que se conoce popularmente como el «barrio de las casitas». El furgón de la misma camioneta de flete que había llevado los instrumentos al lugar fue utilizado como escenario. Allí se sumó a la aventura Fabián «Comas» Gómez, un joven de La Perlita, a cantar ese rock and roll popular de los 60 y 70. Luego de esa presentación, hubo una más en un quincho cerca del Cementerio de Moreno, hasta que la mayoría de sus integrantes decidió seguir haciendo exclusivamente covers de Creedence. Quien escribe y Lara seguimos creando melodías y letras en ensayos que realizamos con guitarra acústica y guitarra criolla, y tomamos la decisión de llamar a ese proyecto NORMAL 47 Rock.

Pasaban los meses y la cantidad de canciones que surgían día a día era grabada en casete con un viejo grabador. Esto permitió mejorar los arreglos de la primera guitarra y la parte vocal. Al mismo tiempo, Juan Yrrazabal nos ofreció tocar la batería en su casa para ayudar en las canciones. Se sumaban ocasionalmente Claudio Passini y Leonardo Ramírez, tocando el bajo.
Hubo un instante preciso en que sentimos que era el momento de salir a tocar y fuimos a buscar fecha al FEK-67 Bis. Con su agenda en mano, Marcos Pelaitay, dueño del bar, nos ofreció una presentación un domingo. Con un local lleno de amigxs, el 13 de abril de 1997, NORMAL 47 tocó por primera vez en los escenarios de Moreno.

Luego compartimos fechas con la banda punk del barrio 2000, MADEN, y con 4 Almas, en el FEK-67 Bis y en El Sótano. Fue muy recordada una fecha en la que el local que había sido una heladería histórica llenó su capacidad de público, debido a que, en esos años, el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Eduardo Duhalde, determinó la obligación de cierre de los locales de reunión pública en la provincia después de las 3 de la mañana. El Decreto 1555 de Duhalde disponía, además, que los menores de 14 a 17 años solo podrían permanecer en los boliches y las discos hasta las 12 de la noche, reunidos en «lugares diferentes» a los que concurren los mayores de edad. Asimismo, quedaron prohibidas las denominadas «prematinés», a las cuales podían concurrir chicos de menor edad. La sanción de este paquete desató de inmediato una enorme operación represiva: «ochocientos jefes de comisarías de la provincia, 124 intendentes y numerosos inspectores municipales recibieron instrucciones para aplicar la medida impulsada por el gobernador Eduardo Duhalde». Ahí está la explicación de que El Sótano, ubicado en la esquina de Bartolomé Mitre, a metros de Acero Disco y Wall Street, se llenara de gente mientras estábamos tocando en el escenario con NORMAL 47.
Luego de grabar un demo con tres canciones: «Llora Nena», «Nunca me di cuenta» y «Andrés«, sumado a la realización de un acústico en FM Ciudad de Trujui, esa formación efímera dejó de existir.
La historia del grupo, lejos, estaba de cerrar. El fueguito de Normal 47 seguiría encendido con otrxs integrantes que le darían frescura sonora y que le darían el puntapié inicial a otra etapa de este grupo que marcaría huella en el rock morenense.
Continuará…




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