Como olvidar el año 2018 cuando las autoridades de cada escuela (mayoritariamente) aceptaron que no eran ingenieros, arquitectos, electricistas, plomeros, etc, para poner su firma en las obras de infraestructura y asumir con ello las responsabilidades civiles y penales.
Las muertes de Sandra y Rubén generaron el Morenazo, y allí estaba esa organización que siendo jerárquica desafiaba la ultra verticalidad de inspectores.
En 2018 las y los directores autoconvocados presentaron al Jefe Distrital de Moreno, Luis Villarreal, diez puntos de demanda y exigencia. Como parte del equipo de Provincia se encontraba la Inspectora Karina Ramírez, quien trabajó codo a codo con Juan Fernández, uno de los hombres de la Intervención del Consejo Escolar que recorrió las escuelas y vivió la experiencia popular del Comité de Crisis.
A menos de ocho años del Morenazo, con varios de sus actores siendo protagonistas de la gran función pública, las escuelas languidecen y la política del parche ni siquiera es acción: la presencialidad inclusiva todo lo justifica, no es importante la infraestructura, la épica es ESTAR.
Pero las consecuencias humanas pueden resultar insoportables. Las directores /as que han iniciado la «autoconvocatoria», oponiéndose a los designios de Ramírez, a órdenes que mantienen una relación con lo que hacía Villarreal en 2018: sostener las clases, sin importar las condiciones existentes.
Hay algo constituido como verdadero: la directora o director es el principal responsable de cuanto sucede y ocurre en la escuela, lo que significa que ella o él deben estar capacitados en derecho, saber aspectos vertebrales de los Códigos, Civil y Penal; también en salud mental y detección temprana de consumos problemáticos; espertiz en el manejo de armas y disciplina para desarmar. Obvio que estas obligaciones que les impone la Dirección General de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires a través de sus agentes inspectores, es de acuse efectivo para los /as trabajadores /as de la educación pública.
La real sensación de abandono ante realidades sociales en las que la violencia es un motor encendido cada día, conduce a un grupo de directoras /es a construir un espacio que ya tuvo su primer gran reunión y que significó romper el miedo al comisariado popular que aplica Ramírez.
Lo que sucede en una escuela es parte de un fenómeno más amplio y no un hecho individual de esa institución que pasa a ser estigmatizada. Están convencidas /os que la sanción disciplinaria no es algo que les preocupe porque lo esencial es luchar para que la salud mental se convierta en equipo que las /as asista, tanto a ellos /as como a los /as trabajadores /as que afrontan el miedo y la violencia en lo cotidiano estando en la escuela.
El primer encuentro de directoras /es autoconvocados en 2026 revela que hay un catarata de WhatsApp oficial ante la inexistencia promovida de un espacio de diálogo.
La defensa es colectiva al igual que la salida. Ellas y ellos, las /os directores que rechazan las amenazas de sostener lo que se cae, ejercen la memoria… ese nutriente que fue deglutido por algunos personajes que circunstancialmente gozan de poder.




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