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Escapando de la temida epidemia de fiebre amarilla, el lunes 13 de marzo de 1871, el por entonces presidente de la Nación Domingo Faustino Sarmiento pasó por la estación Moreno rumbo a Mercedes.


Sarmiento viajó en un tren especial acompañado de una muy numerosa comitiva: el vicepresidente Adolfo Alsina, cinco ministros y otros funcionarios, en total «setenta zánganos», como lo acusó la prensa. En Mercedes, lejos de los peligros de la peste, el presidente alquiló una casa quinta donde se alojó.


La fiebre amarilla se declaró en la ciudad de Buenos Aires en enero de ese año, ya para los primeros días de marzo el terror al contagio cundía entre la población, los sectores sociales más acomodados huyeron de la ciudad, como también senadores, diputados y los miembros de la Corte de Justicia.


Por dejar acéfalo el gobierno arreciaron las criticas de los diarios, quizás esto  motivó el regreso del célebre sanjuanino en medio de la desorganización y parálisis administrativa oficial, así viajó dos veces, los días 24 y 31 de marzo, pasando nuevamente por Moreno, desde y hacia Mercedes.


Algún diario lo acusaba de haber sido visto en Luján rodeado de señoritas de la alta sociedad refugiadas allí, mientras en la ciudad las victimas de la epidemia se contaban por miles, pereciendo el 10% de la población.