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“Interrogar los cuerpos para develar las identidades”, una charla y conversatorio a cargo de Carlos “Maco” Somigliana, antropólogo e investigador argentino, integrante del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y miembro del equipo del fiscal Julio César Strassera durante el Juicio a las Juntas Militares.


La Universidad Nacional de Moreno reafirma su agenda de actividades vinculadas a la memoria, la verdad y la justicia. El encuentro propuso reflexionar sobre el trabajo científico relacionado con la identificación de personas desaparecidas durante la última dictadura cívico-militar, los modos en que se construyen evidencias en escenarios atravesados por violaciones a los derechos humanos y el papel que ha desempeñado el Equipo Argentino de Antropología Forense en la reconstrucción de identidades, memorias y trayectorias.


El conversatorio forma parte del ciclo de charlas “Cuerpos, identidades y documentos”, impulsado por Adriana Sánchez, secretaria de Ciencia y Tecnología, y María Martini, integrante del Programa de Estudios Interdisciplinarios en Ciencia y Tecnología.


En diálogo con Desalambrar, Carlos “Maco” Somigliana dejó reflexiones que permiten volver a narrar y comprender el sistema represivo planificado y ejecutado por la última dictadura a partir de 1976.


¿Cómo es aportar a la verdad descubriendo el horror?


—Soy una persona más insensible que la media; esa puede ser una explicación. Pero, más allá de lo subjetivo, hay una cuestión fundamental: cuando sentís que tu acción puede modificar algo, eso resulta positivo. Te abstraés un poco del contexto y quedás enfocado en culminar esa tarea. Sabés que, a partir de esa culminación, se abren una serie de nuevos caminos y querés llegar a ese momento.


Contarlo todo de nuevo es una apuesta a revitalizar la memoria, y esta actividad de la UNM parece proponerse ese objetivo.


—Totalmente. En la vida podés haber leído un libro a los 15 años y que te haya producido determinadas sensaciones. Si lo leés veinte años después, puede parecerte que nunca lo habías leído o encontrar significados completamente nuevos. Eso sucede porque vos también cambiás y resignificás las cosas que te pasaron. En este caso estamos hablando de lo malo: qué hacer frente a la desgracia, cómo posicionarse ante ella y cómo redireccionarla para que produzca aprendizajes o consecuencias positivas.


—¿Cómo explicás que lo hecho por la dictadura respondió a un plan sistemático? ¿Qué descubriste en los hallazgos que permite reafirmar esa verdad?


—Lo que podés observar es a un Estado volcado a una actividad que debía mantenerse clandestina, pero para la cual destinó todos los recursos necesarios. Un ejemplo muy característico es el de los vuelos de la muerte. Antes del 24 de marzo de 1976 no existen indicios de este tipo de prácticas. A partir de esa fecha comenzás a encontrar evidencias y víctimas vinculadas a esos vuelos. El hecho de que los casos identificados sean relativamente pocos no les resta importancia; por el contrario, indica que forman parte de un fenómeno mucho más amplio del que apenas conocemos una porción. Lo que confirmás es la existencia de un Estado actuando de manera organizada. Confirmás la existencia de instituciones y grandes centros clandestinos donde permanecieron muchas personas durante largos períodos de tiempo. Allí se desplegó una forma de represión destinada no solo a eliminar opositores, sino también a obtener información. Es entonces cuando empezás a ver cómo el sistema se fue construyendo e involucrando a una maquinaria represiva que se extendió por todo el país, basada en una idea general, aunque con particularidades según cada región.


Entrevista completa Desalambrar Tv: