Por Pavla Ochoa /
En 2008 en la proyección del documental sobre historieta argentina «Imaginadores», que se realizó en la Plaza Buján, conocí a Irma Dariozzi, viuda del historietista mundialmente conocido por su trabajo: Alberto Breccia.

En la jornada solo la saludé formalmente y hablé más en profundidad con Francisco Solano López, el dibujante de El Eternauta. En esos días, había conversado por primera vez con Sonia Olmo, en su puesto de libros debajo de la escalera mecánica del viejo Shopping de Moreno. Al comprarle la edición de El Eternauta ilustrado por Breccia, me comentó de la actividad historietista y obviamente me acerqué a Paso del Rey.
Después de varias semanas de ese encuentro, me enteré por su propia voz, que era hijx de Irma, segunda esposa de Alberto Breccia.
Irma Dariozzi en esos años vivía en La Reja. La artistx plástica nació el 19 de mayo de 1936 en Morón y su infancia trascurrió en una antigua casona de Ramos Mejía rodeada de flores, aves y distintas especies de animales que despertaron en edad temprana su amor por la naturaleza y por las artes. Esa vocación inicial se volcó por la pintura. Estudió y pintó las aves argentinas, mientras hacía cursos de fotografía para plasmar su medio ambiente y de Introducción a la Ornitología. Paralelamente, se dedicó a la Ilustración de cuentos infantiles. Fue egresada de Bellas Artes donde se perfeccionó en grabado y pintura. Completó el curso de Ilustración con Alberto Breccia, quien después de varios años se convirtió en su esposo.

Colaboró para diferentes editoriales de Italia, Japón. También , trabajó en Argentina para la Editorial Kapelusz, Atlántida y Ediciones Colihue. Tuvo el Diploma de Honor de la Secretaría de Educación y Cultura de Buenos Aires por su muestra de Aves Argentina en su Hábitat, en el Museo tradicionalista «José Hernández». Y ganó diversos premios por sus muestras de Aves, sumándose un Premio Internacional a la Ilustración Infantil otorgado por la UNESCO, Tokio en 1993.
Irma le dedicó mucho tiempos a la preparación de su libro de Aves Argentinas de dibujos costumbres y leyendas de nuestras aves, trilingue, portugués, inglés y castellano, que aún permanece inédito sin publicarse.
Hablar con Irma era una invitación constante a conocer a ese creador que luchó contra la ignorancia de su tiempo y de una pasión revelada que abraza infinitamente a las nuevas generaciones.
A Alberto Breccia no llegué a conocerlo en persona, pero una entrevista alcanzó a que me introduzca en su historia como trabajador del lápiz. En los primeros días de enero de 1993, lo vi por primera vez en una foto que se publicó en la revista «Flushman» de editorial Perfil en la sección Perfiles, donde hacían reportajes con guionistas y dibujantes de historietas. La nota tenía como título, «ALBERTO BRECCIA. UNA CHARLA CON EL MAESTRO”, la realizó Rafael De La Iglesia y la foto del dibujante sonriendo y sosteniendo con sus manos varios pinceles, llamó mí atención. Esa entrevista publicada en la revista del superhéroe de DC Comics, The Flash, publicación que la editorial Perfil debió cambiarle el nombre para evitar un conflicto legal con una revista de espectáculo que tenía el mismo nombre, hizo que me enamore del trabajo de Breccia y de su historia proletaria.
Alberto Breccia era dueño de una tendencia a experimentar desde lo visual, generando un estilo único. Nació en Uruguay en 1919, vivió su infancia en Buenos Aires donde murió el 10 de noviembre de 1993, paradójicamente el día del dibujante. Breccia fue un artista que se atrevió a navegar en el mar profundo de la experimentación. Con vientos fuertes y profundas tormentas, siempre tuvo un horizonte claro y conciso que se convirtió en la brújula que guió su transitar en el trabajo gráfico. Buscador indomable del relato, no se detuvo en una sola fórmula enunciativa que sea políticamente correcta para la industria, sino que descubrió distintas formas retóricas en su obra, desafiando a editores, colegas y a su propio lector. Siempre se consideró un trabajador y no un artista privilegiado de la aristocracia cultural.
Tuve muchas charlas informales con Irma y solo en dos oportunidades le hice entrevistas para el programa de radio, donde profundizamos sobre el proletario del lápiz. El resultado de la mudanza de Moreno a Mendoza, me dió la posibilidad de encontrar esos audios de la vieja FM Moreno 90.1, su etapa recuperada. Ahí volví a escuchar su voz contando de quién fue Breccia.

El dato de ese primer diálogo con ellx, que realizamos el jueves 12 de noviembre de 2009, es que me acompañó en los micrófonos del programa «Nunca Es Tarde», su hijx Sonia Olmo y en la co-conducción Sebastián Rodríguez. En esa ocasión, Irma Dariozzi inició la charla señalando que ese hombre fue lo mejor que le pasó en la vida, luego se detuvo a relatar el origen del encuentro con él: “Cuando comencé a estudiar fue en MEBA, después de todo un año como no arrancaban en la fecha que dijeron me fui a estudiar a la Escuela Panamericana de Arte. Empecé en la calle San José donde estaba Carlos Garaycochea y otros dibujantes. Ahí hice un año y después al año siguiente pasé a la de la calle Venezuela, ahí conocí a Alberto que estaba dando ilustración e historieta. Bueno, ahi empezó la historia».
-Alberto, no era un tipo muy fácil de tratar ¿no?
La verdad que me impresionó la forma de ser de él, con tanta seguridad, con tanta hombría de bien. Todo el respeto que imponía. Porque si nos retaba por algo quedábamos todos chiquitos que no nos podíamos mover.
¿Cómo fue la transformación de ese miedo a enamorarse?
Porque me di cuenta después que él no era peligroso en un sentido. Pero era muy severo al educar, el que no cumplía con lo que requería lo echaba de la escuela.
Las primeras ediciones de Mort Cinder no tuvieron poca repercusión en esos primeros lectores. Es decir, realizó una obra maestra pero al no ser comercial no lograba llegar a los lectores que no compraban las revistas y los editores que no publicaban sus trabajos. ¿Cómo vivió ese momento Alberto?
A mí no me comentaba mucho porque él estaba de profesor y yo estaba de alumna, pero estaba mal porque no se vendían. Comprendían a esa historieta porque no era la clásica de aventuras. Había muchas cosas ahí, entonces no se vendía, no interesaba ese tipo de revistas. Yo tengo dos de esa época, una que compré y otra que me regaló Alberto. Viví bien toda esa etapa de la indiferencia de la gente. Después él siguió con El Eternauta en la revista GENTE y tampoco tuvo interés y el editor se disculpó por haberlo publicado.
¿Qué temáticas abarcaba su obra?
Durante muchos años soñó con dibujar a Lovercraf. Leyó mucho, buscó en distintos países libros hasta que encontró todo y empezó a dibujarlo. Se interesaba por los temas bastantes irreales, por eso le gustaba Mort Cinder por el clima que tenía. Él siguió haciendo todo ese trabajo, investigando siempre en cada página, en cada capítulo y eso lo llevaba a cambiar las técnicas. Fue un problema para él porque los editores no se atrevían a publicarle cosas porque no era como otros dibujantes que pasaban 10 años y seguían haciendo el mismo dibujo.
En 1969, a pocos meses de la caída en combate de Ernesto “Che” Guevara, el escritor Héctor Oesterheld realizó junto a Enrique y Alberto Breccia la biografía del revolucionario latinoamericano, obra en la que usted tuvo una participación muy especial, ¿nos cuenta esa historia?
Onganí, mandó a quemar los originales. Vinieron a nuestra casa personal de la SIDE y se llevaron todo el material del Che y lo incendiaron, así alegremente, menos mal que no le hicieron nada. Siempre estuvimos con el ojo puesto encima. Yo tenía dos ejemplares de Vida del Che, en esos momentos Alberto comenzó a quemar libros y me negué rotundamente que hiciera lo mismo con esa historieta y el libro de Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América Latina. Por eso envolví esas revistas enrolladas en un papel metálico y en un tubo de plástico de los que usan para las hojas de dibujo y los enterré en el jardín. Permanecieron años en ese lugar hasta que todo se tranquilizó y las desenterramos. Gracias a esa decisión, en España pudieron hacer un retoque en los blancos y la Editorial Ikusager lo público y ahí nació otra vez el Che Guevara.
Volviendo a lo que fue su época como estudiante de Alberto en IDA, ¿cómo recuerda a ese lugar de formación?
En la etapa de IDA era de un alto nivel lo que pasaba en ese lugar. Se hacían eventos importantes con grandes artistas de invitados. Una vez fue Sábato a hablarnos de lo que era la tapa de un libro. Es decir, el concepto de lo que debíamos tener en cuenta a la hora de ilustrar una tapa. También estuvo Borges que ya no veía casi nada y Alberto le hizo una caricatura todo en amarillo porque era el único tono que él veía, y Borges pudo apreciar esa caricatura. Él era el escritor favorito de Alberto, leyó toda su obra, es así que en el último año que fue a Europa antes de enfermarse, estaba en Italia y se fue a Suiza a verlo a la tumba de él. Fue muy emocionante ese momento porque Alberto vino reconstituido.
Con todo lo que describe ¿creé que logró transformar a la historieta en un arte reconocido por todo el mundo?
Ahora se lo está reconociendo, lo que demuestra la perseverancia y la convicción de ser lo que el sentía, ahora se lo estudia en los ámbitos académicos, lamentablemente no está Alberto para ver lo que está pasando actualmente. Cuando en los años 70 él se fue de IDA, prácticamente se quedó sin trabajo, eso era problematico para su vida, hasta que vino Coletta Ravoni, lo llamó, le dijo que venía de Italia y que quería representarlo para relanzar todo su material, casi se muere de la emoción. A partir de ahí cambió todo, se pintó la casa de Haedo, se arregló, nos casamos en 1973 y tuvimos un cambio muy grande en nuestra vida. No ganaba mucho dinero, como por ejemplo Hugo Pratt, porque era muy difícil ubicar el material que producía, porque ha estado muchos años durmiendo en los cajones, la gente no lo entendía y entonces todo costaba más, pero publicó varios libros.
Por lo que cuenta lo importante es que él nunca bajó los brazos
Jamás, trabajó siempre. A la mañana se levantaba, tomábamos unos mates hasta el mediodía que comíamos algo liviano y después hasta las ocho de la noche cenábamos. Él no se levantaba de su tablero. Trabajaba siempre con entusiasmo, dibujó y pintó hasta tres días antes de morir, es decir previo a la internación. Hasta me hizo una caricatura, cuando me quedaba con él, media dormida. Ha sido el mejor dibujante de nuestro país, no solo porque fue mi esposo sino porque sobre todas las cosas por lo que demostró en sus obras. Fue mi maestro.
Alberto Breccia rompió el paradigma de la historieta. Habló un lenguaje nuevo. La postura de Breccia era simple : «¿Les gusta mí trabajo? ¿No les gusta mí trabajo?». Nunca comprometió los estándares de su trabajo historietistico por interés comercial. Breccia es un dibujante del mundo. Durante mucho tiempo, los editores y una parte de lxs lectores consideraban que su trabajo era una historieta difícil de leer y apreciar, hoy el género historieta no estaría completo sin Breccia.

Continuará….
Las fotos que acompañan este texto son gentileza de la hija de Irma Dariozzi de Breccia: Sonia Olmo




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