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En el año 2000, con el flamante gobierno de la Alianza, que continuaba con las políticas económicas liberales llevadas adelante por el gobierno peronista de Carlos Saúl Menem —quien dejó al país con una importante deuda externa, las empresas públicas en manos privadas, una gran recesión que había comenzado en 1998, una desocupación del 16%, en niveles históricos, y una pobreza que al inicio del nuevo gobierno de Fernando De la Rúa rondaba el 32%—, lxs jóvenes de Francisco Álvarez seguían impulsando y dándole corporalidad a ese proyecto cultural y comunitario llamado El Galpón.


Los talleres que comenzaron a brindarse en el espacio eran: Pintura, Ajedrez, Folklore, Tango, Periodismo, Bajo eléctrico, Teatro, Fotografía, Danza, Batería, Percusión, Malabares, Títeres, Plástica, Kung Fu, entre otros.


En esos días, quien escribe este texto llegó de casualidad a ese lugar, luego de que Lucas López, artista y músicx morenense, me invitara a participar de la propuesta del taller de teatro que llevaba adelante su tío, Domingo López, quien había sido integrante de La Organización Negra, un grupo de teatro experimental de la década del 80 que escribió su nombre en la historia del teatro argentino.


Ahí pude observar que había una construcción colectiva, ya que interactuábamos con otros talleres que se desarrollaban en el espacio.




Recuerdo como si fuera hoy la sorpresa que me produjo enterarme de que el responsable de cuidar el lugar era un exluchador de Titanes en el Ring. Su nombre era Oscar. Tenía en su mano grandes anillos y, cada vez que hablaba, recordaba aquellos momentos junto a Martín Karadagián. En lo personal, buscaba siempre la posibilidad de ir a hablar con él, y pude hacerlo cuando me ofrecí a abrir, dos días a la semana, las puertas de la biblioteca popular “El Aleph”, que funcionaba en El Galpón.


Aún recuerdo la primera muestra de fin de año que se hizo afuera de El Galpón, donde participamos con una expresión teatral en la que combinamos el fuego, el agua y la tierra, generando una gran sorpresa entre lxs vecinxs que se habían acercado.


En aquella jornada de exhibición pudimos llevar adelante una propuesta en la que trabajamos el teatro experimental como una expresión de provocación y transformación, en conjunto con lxs espectadores. Jugamos en la performance con los elementos: fuego, tierra y agua. Quienes estuvieron cerca de esa experiencia teatral pudieron entender que en Francisco Álvarez estaban pasando cosas.




En ese lugar, donde el 23 de enero de 1921 fue habilitada la estación de trenes a pedido de Nemesio Álvarez, dueño de los campos de ese territorio, quien donó los terrenos necesarios para su instalación y que fue bautizada con el nombre de su padre, Francisco Álvarez, se estaba construyendo otra historia.


En base a la estación ferroviaria, Nemesio Álvarez presentó en 1927 ante el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires el proyecto de fundación del pueblo, que fue aprobado el 27 de octubre de 1928. Setenta y dos años después de aquel acto fundacional, su pueblo seguía haciendo historia, generando un espacio autónomo de expresión artística y cultural para su comunidad.


Los primeros años de El Galpón fueron muy duros. En general, lo fueron para la cultura popular por la avanzada de las políticas neoliberales en el país. Pero la resistencia fue la bandera que se llevó adelante todos los días, cada vez que se pensaba una actividad o un taller en el espacio El Galpón.


En esos días, el taller de teatro que funcionaba en el lugar comenzó a conformarse como un grupo de trabajo con el objetivo de presentar una obra colectiva creada en los propios riñones de El Galpón, titulada “MP Web”, una crítica directa a lo que era la flamante internet y sus redes sociales.




Esa experiencia motorizó que tuviéramos un nombre propio, surgido de una decisión colectiva: nos nombramos “Maniobras Pampas”.


Con el grupo comenzamos a habitar día a día las chapas y maderas de ese galpón ferroviario, teniendo un vínculo directo con lxs vecinxs del pueblo. Constantemente nos acercábamos al Cuartel de Bomberos para pedir prestada la escalera y realizar trabajos en el lugar vinculados con la búsqueda de una expresión artística que estábamos desarrollando. Éramos una postal constante de Francisco Álvarez en aquellos tiempos.


A fines de 2001, Christian “Tano” Pulitano, integrante de Salsa Champignon y parte del grupo fundador del centro cultural que funcionaba en el viejo galpón ferroviario, logró convencer a cada integrante del grupo de rock de Paso del Rey, Blanca Flor, de que tenía que volver a tocar en un escenario. Los convenció e invitó a “Maniobras Pampas”. El show se realizó afuera del lugar, al aire libre.


Quienes integrábamos ese grupo —Domingo López, Federico Tinelli, Martín López, Patricio Roaun, Gabriela Conde, Lucas López, Paola Silveira y quien redacta este texto— fuimos parte del regreso de Blanca Flor, en la noche del sábado 15 de diciembre de 2001.




Dejamos un recuerdo en cada canción en la que nos tocó intervenir y, particularmente, en “Mi Papel”, que fue el cierre perfecto de nuestra performance.


Teníamos a unx compañerx de Maniobras Pampas atadx en un péndulo al costado del galpón y, sobre la chapa, habíamos colocado bolsas de harina. Cuando se balanceó y chocó con fuerza, se produjo una explosión contra la estructura, haciendo que todo se convirtiera en un polvo blanco que se expandió hacia adelante y llamó la atención de la gente.


Mientras tanto, otrx compañerx estaba colgado de una tirolesa con una bola con cadenas de preso que, al comenzar el estribillo, cayó entre el público.


Todo fue una fiesta y quedó en la memoria morenense.


En 2002, quienes realizábamos teatro en El Galpón tuvimos la idea de hacer una obra de expresión corporal donde la música en vivo, el agua y los cuerpos desnudos fueran el motor para contar una historia en la que la humanidad intentaba resistir ante la avanzada de un capitalismo salvaje.


Esa noche, la transgresión a través del arte dejó su huella en Francisco Álvarez, no solamente por lo que significaba el desnudo en aquellos tiempos, sino también por el mensaje que llegó muy profundo a los corazones de quienes habían asistido.


Finalmente, en diciembre de ese año pudimos presentar con el grupo Maniobras Pampas “MP Web”, aquella obra colectiva surgida en el espacio.


Al mismo tiempo, junto a Paola Silveira se nos ocurrió hacer una muestra denominada “RespirArte”. La idea era que, durante una semana, lxs vecinxs y trabajadorxs del pañol municipal pudieran ser parte de una muestra artística de pintura, música en vivo, escucha de vinilos y poesía.


La experiencia generó que muchxs jóvenes del pueblo se acercaran, se animaran a mostrar sus trabajos y fueran parte de la exposición. Esta muestra volvió a realizarse con la participación de Waldemar Moreira Zurbrigk, Marcos Pelaitay y La Flota.


Las diferencias con las políticas públicas de la gestión municipal del intendente Andrés Arregui comenzaban a hacerse más visibles, pero la fuerza de esxs jóvenes que impulsaron la iniciativa seguía adelante, resistiendo y llevando a cabo actividades en el lugar.


La decisión que tomamos colectivamente fue impulsar presentaciones de artistas reconocidos del rock argentino. El ciclo se llamó “El Galpón Vivo”.


Allí tocaron Karamelo Santo, Las Manos de Filippi, Palo Pandolfo, La Mancha de Rolando, Árbol, Carajo, entre otras bandas que compartieron escenario con grupos locales como El Bizcocho, La Purga y El Gorro.


En mayo de 2010, la Municipalidad de Moreno se hizo cargo de El Galpón, dejando anulada institucionalmente la gestión del grupo de trabajo.


Pese a la movilización de la comunidad en defensa del primer centro cultural de Francisco Álvarez, no se pudo revertir la decisión política del gobierno de Arregui. Se cerraba una década del espacio con sus puertas abiertas.




Tiempo después, se haría pública la información de que un funcionario municipal había utilizado el lugar como depósito de mercadería robada. Se realizó un allanamiento y fueron detenidas las personas involucradas en el hecho delictivo.


El lugar siguió bajo la coordinación de la Municipalidad, pero quedó en total abandono, lleno de basura y escombros y con montañas de tierra.




En noviembre de 2024, la gestión de Mariel Fernández reabrió el “Galpón de Francisco Álvarez”, después de mucho tiempo de permanecer convertido en un basural.


Con características diferentes en cuanto a su gestión y con una remodelación de la infraestructura, resultado de una obra que se extendió durante alrededor de 24 meses, el lugar volvió a abrir sus puertas a la comunidad como sede de numerosas actividades recreativas, sociales y culturales aptas para toda la familia, tales como eventos deportivos, meriendas especiales y conciertos al aire libre de artistas e invitados.


Pese a los tiempos actuales, aún permanece en la memoria del pueblo aquella idea de lxs jóvenes que se hizo realidad en el año 2000 y que dejó una huella que marca el horizonte del espacio en el presente.


Como muestra directa de que el pueblo puede hacer cosas por el pueblo, con esfuerzo y convicciones.