Antes de que fuera encontrado sin vida el cuerpo de Nancy Godoy, una mujer decidió quebrar las normas no escritas de un poder que atraviesa los distintos niveles de la vida pública y que, muchas veces, también gobierna desde las sombras: el poder del silencio, la obediencia y el ocultamiento.
Estela Juri, trabajadora de la educación, secretaria de Acción Social de la Asociación del Magisterio de Enseñanza Técnica (AMET), Seccional VI, y directora de la Escuela Técnica «Valentín Virasoro» de Goya, se plantó frente a quienes, según su mirada, pretenden administrar el conflicto con palabras y gestos mientras las respuestas concretas siguen sin aparecer.
Este jueves 29 de octubre, con una jornada nacional de paro y reclamo de justicia por Nancy Godoy, en Corrientes estalló una bronca que llevaba tiempo contenida. Juri no eligió el lenguaje de los comunicados ni el refugio de las frases institucionales. Habló desde la indignación, denunció el deterioro educativo y cuestionó una obediencia social que, a su entender, permite que los problemas se acumulen hasta que golpean de cerca.
«Siguen desapareciendo Nancy Godoy en la provincia de Corrientes. Siguen desapareciendo niños. Siguen destrozando el sistema educativo. Siguen matando docentes con el estrés», afirmó.
La enumeración continuó con las condiciones de salud de los trabajadores: docentes que se enferman, que no consiguen medicamentos porque —según denunció— la obra social IOSCo no los cubre y que, en distintas formas, sienten que el sistema los va desgastando mientras buena parte de la sociedad mira hacia otro lado.
«Todos hacemos que no vemos, que no escuchamos y como que a nosotros no nos va a tocar. Hasta que nos toca. Hasta que nos toca», insistió.
«¿Qué nos pasa a los correntinos?»
En su intervención, Juri relacionó el caso de Nancy con otras situaciones que atraviesan a la comunidad educativa: el cierre de espacios, la falta de plazas, las dificultades que enfrentan las escuelas y la pérdida de recursos. Su crítica no quedó circunscripta a un reclamo sectorial. Apuntó a una forma de relación entre el poder político y una ciudadanía que, según planteó, acepta el deterioro hasta que la consecuencia se vuelve imposible de ignorar.
«¿Qué nos pasa a los correntinos? Que seguimos agachando la cabeza como chanchos mirando para la tierra y haciendo como que acá no pasa nada», lanzó.
Juri rechazó las respuestas construidas con palabras bonitas y reclamó que la discusión abandone la retórica para enfrentar los problemas concretos. «¿Cuánto tiempo va a pasar para que nosotros olvidemos de Nancy? Basta de palabras lindas. No me vengan con el verso de la poesía. Acá hay una realidad», expresó.
La pregunta que atravesó su discurso fue cómo se sostiene una situación que, a su juicio, se repite mientras el miedo limita la reacción colectiva. Para la trabajadora de la educación pública, el cambio no depende solamente de una decisión gubernamental: también exige que la sociedad deje de aceptar como inevitables las condiciones que denuncia.
El voto, las promesas y la responsabilidad política
El tramo más directamente político de su intervención estuvo dirigido a quienes gobiernan y a la responsabilidad electoral que los llevó a ocupar sus cargos.
«¿Por qué vamos a tener miedo nosotros, el pueblo, los que los pusimos ahí? Vinieron a pedirnos el voto. Nos dijeron: “Te vamos a garantizar la libertad, la educación. Te vamos a garantizar todos tus derechos”», recordó.
Juri cuestionó la distancia entre aquellas promesas y una realidad que describió marcada por conflictos educativos, cierres y falta de respuestas. «Esto tiene solución. Está en las manos de los que votamos. A los que les tenemos miedo. Miedo nos tienen que tener a nosotros», sostuvo.
La referencia electoral no fue un detalle al pasar. En su planteo, el voto aparece como una herramienta para exigir respuestas y modificar las decisiones de quienes administran el Estado. «Están ahí por nuestro voto, por nuestra decisión, por nuestra voluntad», remarcó, antes de reclamar que las autoridades actúen sin esperar a que el conflicto vuelva a profundizarse.
Nancy, la educación y el presupuesto
El reclamo final volvió sobre dos exigencias concretas: respuestas para la familia de Nancy Godoy y recursos para la educación pública.
«Así que se apuren y vengan a solucionar esto y le den respuesta a la familia de Nancy y le den presupuesto a la educación», exigió.
Luego denunció una medida que, según afirmó, había impactado ese mismo jueves en las escuelas nocturnas: la retirada de la copa de leche. «¿Alguien lo sabe? ¿Alguien sabe la cantidad de cupo que tienen las escuelas nocturnas? Nadie sabe, pero le sacaron la copa de leche», cuestionó.
En el discurso de Juri, el caso de Nancy no puede quedar reducido a una conmoción pasajera ni a una sucesión de declaraciones públicas. Su intervención enlazó el reclamo de justicia con las condiciones de trabajo docente, la cobertura de salud, los recursos escolares y la responsabilidad de los gobernantes.
La denuncia fue tan política como social: el silencio no resuelve los problemas; los deja crecer. Y cuando las respuestas no llegan, la indignación puede convertirse en una interpelación directa a quienes ejercen el poder.
«Que cambie la cabeza del correntino, carajo», reclamó Juri. No pidió otra promesa. Exigió respuestas, presupuesto y una sociedad dispuesta a dejar de mirar hacia otro lado.




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