Por Pavla Ochoa /
Pienso las veces que me detuve en la vereda de esa vieja casa ubicada en la esquina sin ochava de Belgrano e Independencia, en el corazón de la ciudad, sin saber el rol importante que tuvo como espacio en la historia política y cultural morenense en los primeros años de la década del ’70.
La verdad es que nunca profundicé en las charlas que tuve en varias ocasiones con Roberto Díaz, docente, dibujante, un histórico de estos pagos, sobre «La Casa de la Cultura de Moreno». Quizás porque el tiempo en el que nos cruzamos, la historieta, una de las pasiones que ambxs compartimos nos devoró las conversas. Recién después de muchos años, en estos primeros días del 2026, desde la distancia le pude consultar algunos detalles de esa experiencia histórica en nuestro distrito.
Todo arrancó en 1971, luego que Roberto Díaz fue echado del Teatro Municipal por criterios técnicos pedagógicos y políticos. Ante ese escenario, logró convencer a sus 15 alumnxs de crear un espacio cultural independiente. Desde audios de WhatsApp, Roberto me brindó detalles de la semilla de ese colectivo político cultural:
«Cuando armamos la Casa de la Cultura, fue a partir de una pregunta que les hice a mis alumnxs de teatro después que me rajaran de la municipalidad, ¿Qué hacemos? ¿Un grupo de teatro o un grupo que se llame La Casa de la Cultura? Yo venía de haber visto esa experiencia en varios lugares, entre ellos Ramos Mejía y me interesaba un proyecto así. Mis estudiantes me respondieron sin dudar: Casa de la Cultura. Adelante con los faroles, surgió la idea de alquilar una casa, pero previamente no teníamos lugar para reunirnos, a lo que le pregunté al señor Velazco, que tenía una inmobiliaria en Moreno y era amigo de mí suegro, si podíamos reunirnos en su oficina después de sus actividades. Él accedió y ahí comenzó la idea de la Casa de la Cultura, finalmente, alquilamos nuestro propio espacio».
El lugar fue un edificio en la calle España, a 50 metros de la Avenida Mitre y a los meses se mudaron a la casona de Belgrano e Independencia.

El cambio de lugar fue en la misma sintonía en la que pensaban al arte: acción colectiva. Como el local quedaba a tres cuadras del nuevo, lxs integrantes de la iniciativa se ordenaron en fila al estilo hormiga e hicieron pasa mano para trasladar los muebles. Así resolvían las cosas, a falta del dinero que no abundaba.
Al principio, luego de que la mayoría eligiera como presidente del espacio al propio Roberto, él decidió proponer a un compañero del Ricardo Rojas, el historiador morenense Juan Carlos Ocampo, quien aceptó y Díaz quedó como vicepresidente.
Cuando pienso en esxs jóvenes, no puedo dejar de mencionar que estaban haciendo política cultural en tiempos de dictadura.
Y ahí radica la importancia de nombrarlos a 55 años de esa experiencia, para entender cuántas personas le dieron el cuerpo a sus ideas en Moreno: Roberto Díaz, Norberto Vasallo, Cristina García Casas, Hebe Blanco, Leticia García Romano, Tulio Blanco, Teobaldo Torres, Héctor Méndez, Pedro Kayzcki, Nicolás Grandi , Cristina Cournou, Beatriz Boglione, Ana Gatti, José María Micolucci, Silvio Argento, Juan De Dios Luque, José Villagrán, Jorge Torres, Delia Bertellotti, Cristina Vázquez, Víctor Biaggini, Horacio Cherre, Jorge Delalande, Lázaro Bokser, Antonio Torres, Hugo Archipretre, Rubén Rusell, Mirta Rey, Silvia Delalande, Mario Schuman, José Luis Cavagnaro, Angélica Scala, José Ricci, Silvia Grandi , Boy Bruzzone, Guillermo Aragonés, Jorge Lascalea, José Di Leo, Héctor Rocca, Héctor Pedernera, entre otrxs.
Cuando leo los nombres y veo que está el de Pedro Kayzcki, comienzo a recordar una charla del 2006, con el militante del Partido Comunista, en la estatua de San Martín, ambxs sentadxs bajo la sombra del prócer, en épocas donde no estaba entre rejas. Me contó de la militancia y amistad con Cristina Cournou y Nicolás Grandi y sobre la experiencia de la Casa de la Cultura. Obviamente, al no anotar nada y tampoco grabar audio, solo me queda en la memoria su mirada llena de emoción al recordar ese pasado que parece nada pero es un montón, porque me permite entender qué significó para quienes integraron esa experiencia, esos tres años de existencia del espacio.
El país era gobernado por la Junta de Comandantes que se proclamaba “Revolución Argentina”, bajo la presidencia de facto de Alejandro Agustín Lanusse. Pese al clima hostil represivo, La Casa de la Cultura, avanzaba con pasos firmes detrás de una idea, generar espacio y actividades culturales que estén al alcance del pueblo.
En esa casona histórica que hoy es una de las pocas estructuras edilicias sobrevivientes del Moreno del pasado, se daban clases de teatro, folclore, títeres, payasos, dibujo y pintura, fotografía periodismo, cine, entre otras expresiones artísticas. Todo era pensando bajo los lineamientos de una declaración de principios que establecía que quienes querían programar o hacer una actividad debían juntarse entre 3 personas y ese grupo debía realizar la actividad, apoyados por el grupo técnico.
A medida que voy desempolvando el pasado, me doy cuenta que tan poco sabemos de las huellas que dieron nuestros antepasados morenenses. Desde La Casa de la Cultura hicieron dos programas de radio, uno de ellos era «Moreno en la Cultura» de Radio Antártida, y otro de Radio Provincia «Hoy Perímetro Oeste». En el aire del dial se respiraba sueños colectivos que buscaban transformar la realidad.

Los grupos de trabajo desarrollaron actividades en clubes, sociedades de fomento, donde les pidieran. Hubo una jornada de cultural popular que tuvo al tango y al folklore como protagonistas, que se transmitió por Radio Provincia y que quedó en la memoria de las más de tres mil personas que asistieron a la Plaza San Martín en las jornadas de diciembre de 1972.

Lxs jóvenes estaban haciendo bulla en tiempos de dictadura. Sabían del peligro pero las convicciones eran más fuertes. Sentían que todo era posible y así sembraban semillas de futuro en lo que fue ese espacio cultural que quedó en la historia de Moreno.
Continuará…




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