El 19 de abril de 2008, Luis Ibáñez, el pibe del barrio San José/La Perlita, cumplió su sueño de jugar en la Primera División de Boca Juniors, frente a Newell’s Old Boys. Ingresó en lugar de Juan Forlín y el Xeneize se quedó con el triunfo por 2-1 en aquella ocasión.
Aún recuerdo la alegría de nuestra familia al ver por televisión cómo Luisito cumplía su sueño de vestir la camiseta de su segunda casa, donde se crió y aprendió todo sobre fútbol. Pese a que las cámaras no lo enfocaban en primer plano, sabíamos que su corazón explotaba de alegría por jugar en el equipo del cual es hincha y, encima, compartir plantel con dos ídolos como Román Riquelme y Martín Palermo.

Un mes después de aquel partido que quedó en nuestra memoria y que generó orgullo en el barrio, el 17 de mayo, Luis jugó el partido completo con Racing Club. Nadie sabía, ni siquiera el propio jugador, que sería su último partido en Boca.
Esos 90 minutos en cancha bastaron para que comenzaran a llegar las ofertas de clubes del exterior. En ese encuentro estaban en la tribuna representantes del Dinamo Zagreb y del Hoffenheim, que habían ido a observar a José Shaffer, de Racing, pero Luis jugó con tanta solvencia que terminó modificando la intención de compra de los equipos europeos.
Fue Carlos Ischia, entrenador del club en ese momento, quien dialogó con el pibe, que quería quedarse en Boca, y le mencionó que, en lo personal, quería que se quedara, pero que consideraba que era una buena oportunidad para su futuro como futbolista y para su familia. Finalmente, firmó contrato con el Dinamo Zagreb de Croacia.
No hubo lugar para una despedida oficial porque el club tenía temor de que en algún partido ocurriera una lesión que influyera en la venta a Europa. En una entrevista realizada en TNT Sports en 2024, Luis Ibáñez recordó su partida del club de sus amores:

“La verdad que me dolió mucho haberme ido, no haber podido jugar contra Tigre porque la idea era jugar, era la última fecha y ya no me habían dejado. Creo que eso fue lo que más me dolió. Fue haberme ido sin despedirme, de un partido que sabés que es el último, porque con Racing no sabía que era mi último partido, que de ahí me iban a vender”.
En Croacia, Luisito o Lucho, como le decían en esos días, inició su carrera en el exterior. En el Dinamo ganó cinco campeonatos, tres copas y dos supercopas. Desde la distancia, nos enterábamos de sus logros y, obviamente, nos llenaba de orgullo saber que jugaba la Champions League y la Europa League contra grandes equipos mundiales. Entre ellos, el Real Madrid de Cristiano Ronaldo, Özil, Ramos, Pepe, Higuaín y Di María.

En julio de 2013, Racing Club acordó con el Dinamo Zagreb el préstamo de un año, sin cargo y con opción de compra por el 100 % del pase. Recuerdo un domingo en que fui a visitar a mi abuela Cristina y ella me obligó a sentarme a su lado para ver un partido de la Academia, donde jugaba nuestro familiar. Era la primera vez que le prestaba atención al fútbol, todo un acontecimiento verla como una hincha más de ese deporte.

Lamentablemente, su paso por el equipo de Avellaneda fue fugaz y volvió nuevamente a Croacia.
Esas dos experiencias en el fútbol argentino, la de Boca Juniors y Racing, le dejaron el dato estadístico de 18 partidos sin ningún gol convertido. También jugó en el Győri ETO FC de Hungría, Estrella Roja de Serbia, Trabzonspor y Karabükspor de Turquía, Zrinjski Mostar de Bosnia y NK Jarun, Graf y, actualmente, juega en el NK Zagreb City de Croacia.
Su buen rendimiento en la cancha lo llevó a estar muy cerca de ser convocado por las selecciones de Croacia y Argentina, pero lamentablemente no llegó a concretarse.
Casi al cierre de su carrera como jugador profesional, se recibió como director técnico y suele aportar ideas al cuerpo técnico, pese a integrar el plantel que disputa cada partido.
Entre sus planes más cercanos está la idea de descansar un año cuando llegue su retiro del fútbol e iniciar el curso de máster superior, que le permitiría dirigir en cualquier parte del mundo.

Cada vez que regresa de visita a Moreno con su familia, Luis Ibáñez vuelve a ser Luisito: yendo a la panadería La Perlita a comprar las tortitas negras preferidas de su niñez o ravioles en la fábrica de pastas. También visita a su viejo club, Juventud, y se da un tiempo para jugar con pibes que tienen sueños detrás de una pelota de fútbol y dejan todo en cada partido del Campeonato Evita, venciendo obstáculos y pisando fuerte, siempre para adelante.
La historia de este pibe de un barrio popular morenense es la de muchxs más que llegaron a jugar en la Primera División del fútbol argentino. Y es también un reflejo de la importancia de los primeros dos escalones formativos: el potrero y los clubes de barrio, espacios fundamentales de inclusión, identidad y contención social, pese a que el Gobierno de Javier Milei impulsa el proyecto de privatización de las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD).
Luis Ibáñez es parte de una larga lista de nombres de esos jóvenes que lograron jugar en Primera División y también de quienes quedaron a mitad de camino, pero que son espejos para muchxs pibes que siguen intentando ir detrás de sus sueños, una y otra vez.




MÁS HISTORIAS
Transporte: UNM y Provincia, un mismo eje entre conocimiento y gestión
Fuego en la cocina de la Primaria N° 82
Mariel y la empresa pública de transporte: “Es un experimento piquetero que colapsa en pocos meses”