Esas piezas que carretean en las redes sociales se esparcen detrás del sueño de la viralización. El Profe Romero entrevista a Mariel Fernández en el canal oficial del Municipio y el recorte queda rotulado como “Las propuestas para gobernar la Provincia”. Sin embargo, en ese fragmento aparece una silueta del diagnóstico, pero no un retazo de la propuesta.
Aun así, hay un elemento de interés público: atender al uso de las palabras de La Capitana para construir un mensaje sobre la crisis del sistema educativo bonaerense.
Fernández comienza con un concepto conocido, pero comprensible: “el Estado bonaerense es un elefante que cuesta ponerlo en marcha”. La figura puede remitir a las dimensiones de la Provincia, a una burocracia que vuelve más lenta la gestión o a la dificultad de mover una estructura estatal de semejante magnitud. Pero el elefante también tiene otras características: un cerebro de gran tamaño, inteligencia y una organización social estructurada en manadas matriarcales.
Más allá de la metáfora, Fernández se mete de lleno en el diagnóstico educativo y plantea:
“Creo que seriamente hay que pensar el sistema educativo, pero hay que poder hacer una propuesta donde la centralidad vuelvan a ser las infancias y las juventudes en esa franja etaria que está escolarizándose por desde una mirada adultocéntrica, como dicen los jóvenes acá en Moreno, de vos organizás el sistema educativo en función de las necesidades de los adultos. Eso es un error grave que también hace entrar en crisis al cuerpo docente. No poder resolver la trayectoria educativa como tiene que ser. Es muy difícil. Siempre ahí está buscando apoyaturas, de Plan Fines, planes de alfabetización. Si vos necesitás inventar tantas otras cosas para complementar el sistema, es que claramente no está funcionando”.
La definición introduce un concepto que merece ser discutido: adultocentrismo. Fernández sostiene que el sistema educativo estaría organizado en función de las necesidades de los adultos y que esa lógica termina desplazando del centro a quienes deberían ocuparlo: las infancias y las juventudes.
El planteo abre, inevitablemente, una discusión política de mayor profundidad.
¿A qué se refiere exactamente Fernández cuando habla de una mirada adultocéntrica? ¿Está cuestionando la forma en que se estructura el sistema educativo? ¿Está poniendo en discusión las condiciones laborales docentes, los salarios, el derecho a huelga, las conquistas gremiales, el Estatuto, la estabilidad, la jornada laboral y el conjunto de derechos que organizan la vida profesional de los trabajadores de la educación?
¿O está señalando otra cosa: que el debate educativo quedó atrapado entre las demandas de los adultos —gobiernos, sindicatos, burocracias y estructuras institucionales— y perdió de vista las trayectorias concretas de niños, niñas y jóvenes?
La pregunta adquiere una dimensión política mayor porque quien formula el diagnóstico no es ajena al sistema educativo, sino la intendenta de Moreno y una dirigenta que viene expresando su voluntad de construir una alternativa política para gobernar la Provincia de Buenos Aires.
En el distrito, además, la gestión de Mariel Fernández incorporó el programa Moreno Lee y Escribe, destinado a niños y niñas escolarizados, con talleres de enseñanza y participación de capacitadores y docentes que desarrollan la tarea de manera gratuita.
La experiencia local también forma parte del interrogante. Porque si el diagnóstico es que el sistema educativo está en crisis y necesita recuperar la centralidad de las infancias y las juventudes, aparece una pregunta inevitable: ¿cómo se transforma esa definición política en una política educativa concreta?
Cuestiona que el sistema necesite recurrir permanentemente a dispositivos complementarios como Plan Fines, programas de alfabetización y otras herramientas para intentar resolver aquello que la estructura educativa no logra garantizar por sí misma.
Su conclusión es contundente: “Si vos necesitás inventar tantas otras cosas para complementar el sistema, es que claramente no está funcionando”.
La frase instala el problema, pero todavía no desarrolla la solución.
Y ahí aparece el verdadero desafío político de su planteo: si la centralidad deben recuperarla las infancias y las juventudes, ¿qué lugar ocupará el cuerpo docente?; si el sistema debe dejar atrás una mirada adultocéntrica, ¿qué aspectos deberían modificarse?; y si la estructura educativa bonaerense necesita una reforma, ¿cuál sería el contenido de la misma?




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