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Duelo, crisis económica, soledad, falta de perspectivas y conductas suicidas. La salud mental no ocurre por fuera de la realidad social. En General Rodríguez, la gestión municipal de Mauro García sostiene un abordaje comunitario que busca intervenir allí donde aparecen los padecimientos: en los barrios, en los CAPS y en los vínculos. La licenciada Mariana Cardinal, psicóloga clínica y responsable del Taller de Duelo, habla de una política que propone algo tan sencillo como necesario: escuchar, poner en palabras y no dejar sola a una persona frente al dolor.


Hay una idea que atraviesa toda la conversación con Mariana Cardinal: la salud mental no puede pensarse como un problema exclusivamente individual.


Una muerte, una separación, una mudanza, la jubilación, la pérdida de un trabajo o la imposibilidad de construir un proyecto de vida son experiencias que pueden producir crisis. Y esas crisis no aparecen en el vacío. Están atravesadas por las condiciones económicas, los vínculos, las urgencias cotidianas y las posibilidades —o imposibilidades— de cada persona.


Desde esa mirada surgió el Taller de Duelo, una experiencia que comenzó hace aproximadamente dos años en el ámbito de los Centros de Atención Primaria de la Salud de General Rodríguez. La propuesta nació de una realidad concreta: los profesionales recibían cada vez más consultas vinculadas a pérdidas y necesitaban construir una respuesta colectiva.


“¿Qué podemos hacer para trabajar el duelo?”, fue, en definitiva, la pregunta que dio origen al espacio.


La respuesta fue salir de la atención exclusivamente individual y proponer un taller abierto a la comunidad.


El dolor también necesita un lugar


“Cuando hablamos de duelo es aceptar la muerte como parte de la vida”, explica Cardinal.


La frase parece sencilla, pero implica una discusión profunda. La muerte forma parte de la existencia, pero la sociedad muchas veces no ofrece tiempos ni espacios para atravesar el dolor que produce una pérdida.


“Vivimos acelerados. No hay tiempo para nada”, señala la psicóloga.


Y en esa aceleración el duelo puede quedar postergado.


La cuestión económica profundiza todavía más esa situación. ¿Cómo permitirse un tiempo para procesar una pérdida cuando muchas familias necesitan trabajar uno o dos empleos para llegar a fin de mes?


El problema es que aquello que no se elabora no desaparece.


“En algún momento esa consecuencia aparece”, advierte Cardinal. Puede ser antes o después, pero el dolor que no encuentra un espacio para ser trabajado termina repercutiendo sobre la vida de la persona.


Por eso el taller propone recuperar algo que parece elemental y, sin embargo, muchas veces falta: tiempo para hablar y alguien que escuche.


Del duelo por una muerte a las pérdidas de todos los días


El espacio no está destinado solamente a quienes perdieron a un ser querido.


También se trabaja con separaciones, mudanzas, jubilaciones y otras situaciones que implican una ruptura con una etapa anterior de la vida.


Son crisis vitales. Algo deja de existir tal como era y la persona debe reconstruir una nueva cotidianeidad.


“No es solamente la profesional que dirige el grupo”, explica Cardinal. También están los compañeros psicólogos, el equipo de psiquiatría, la coordinación y la dirección de Salud. Hay derivaciones, consultas cruzadas y seguimiento.


La respuesta, entonces, no depende de una persona. Es una red.


Suicidio: hablar para salvar vidas


El otro eje de la conversación aparece inevitablemente: la prevención del suicidio.


Septiembre es el mes de visibilización de esta problemática y desde el municipio se impulsan acciones para ponerla en agenda y romper con un silencio que, durante años, estuvo acompañado por mitos y prejuicios.


Cardinal es contundente: hablar del suicidio no incentiva el suicidio.


Al contrario. Hablar permite detectar señales, preguntar, escuchar y construir una intervención.


“Necesitamos que los jóvenes permanezcan con vida”, plantea la psicóloga.


No hay, advierte, una única causa. La conducta suicida es multicausal. Pero hay una preocupación que se repite: jóvenes que no encuentran condiciones para construir un proyecto de vida.


La crisis económica forma parte de ese escenario. Cuando el futuro aparece cerrado, cuando no hay trabajo, cuando las posibilidades de estudiar, independizarse o proyectarse se reducen, también se deteriora la posibilidad de imaginar una vida posible.


Pero Cardinal extiende la preocupación más allá de los jóvenes. Hay adultos y también niños con ideación suicida o conductas de autolesión.


Por eso insiste: no minimizar.


“Todos somos importantes”


Hay una definición política detrás de la tarea clínica.


Frente a alguien que siente que su vida no tiene valor, la primera respuesta es exactamente la contraria: tu vida importa.


“Todos somos importantes, todos valemos. Ni uno más ni uno menos”, dice Cardinal.


El desafío de los equipos de salud mental es acompañar a esa persona hasta que pueda volver a encontrar un sentido, reconstruir vínculos y recuperar la posibilidad de proyectarse.


No se trata solamente de evitar una crisis inmediata. Se trata de construir condiciones para que esa vida pueda continuar.


Y ahí el Estado municipal tiene un papel que no puede ser reemplazado por la buena voluntad individual.


La política pública aparece como la posibilidad concreta de que exista un lugar al que acudir, un profesional que escuche, un equipo que acompañe y una comunidad que no mire para otro lado.


El poder de poner en común el dolor


El Taller de Duelo funciona actualmente los martes, de 15 a 16.30, en el CAPS N.º 7, en el barrio Almirante Brown, y está destinado a personas mayores de 18 años.


Pero quizás lo más importante del taller no sea solamente su funcionamiento institucional.


Es la posibilidad de transformar el “no puedo más” individual en un “no estás solo”.


ENTREVISTA COMPLETA EN YT: