Se nos fue la Luisa,
violentamente hermosa,
que nos dijo que iba a dar
hasta la última gota
de su sangre
defendiendo a lxs chiquillxs,
a lxs encapuchadxs,
a lxs que tiran piedras,
a los que empuñan un arma.
Y así nomás lo hizo.
Se nos fue la Luisa,
hermosamente violenta,
que nunca bajó los brazos,
nunca bajó los gritos,
nunca bajó las piedras,
nunca bajó las armas.
Y justo ahora,
que nos hacen falta
tantas Luisas,
muchas Luisas,
para que no nos saquen la cresta otra vez,
y no nos maten,
y no nos hagan desaparecer otra vez,
hermosa, hermosa,…
hermosamente violenta,
se nos fue la Luisa,
la Luisa Toledo.




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