La pérdida del poder adquisitivo, los salarios básicos que no alcanzan para cubrir las necesidades de una familia y las condiciones laborales atraviesan a trabajadores de distintas áreas del Municipio de Moreno. Ezequiel Gómez, trabajador de Cultura, y Noelia Gómez Sandoval, del Servicio Local de Niñez, describen una realidad marcada por la precarización, el endeudamiento y las dificultades para organizar reclamos colectivos.
La precarización no siempre llega con anuncios ni decisiones estridentes. También puede avanzar de manera silenciosa, mientras los salarios pierden capacidad de compra, los trabajadores suman tareas para completar sus ingresos y las condiciones laborales se deterioran. En Moreno, el ajuste tiene una dimensión municipal: trabajadores y trabajadoras con empleo que no logran llegar a fin de mes.
Ezequiel Gómez, trabajador del área de Cultura del Municipio, describe un escenario en el que la falta de aumentos salariales y el deterioro económico se traducen en empobrecimiento.
“Tenemos trabajadores empobrecidos, gente con trabajo que no llega ni al cinco de cada mes. También hay trabajadores que se endeudan para poder comprar comida”, afirma.
La discusión, sostiene, es profundamente salarial. Según plantea, los ingresos municipales están muy por debajo de lo que necesita una familia para vivir. Como referencia, menciona estimaciones de ATE INDEC que ubican en alrededor de 2.700.000 pesos el ingreso necesario para sostener a una familia tipo.
Frente a ese parámetro, el sueldo básico de un trabajador municipal ronda los 560.000 o 580.000 pesos.
El salario se completa trabajando más
La diferencia entre el salario y las necesidades cotidianas obliga a buscar ingresos adicionales. Gómez explica que buena parte de la remuneración termina construyéndose mediante operativos, actividades extraordinarias y tareas por fuera de la jornada habitual.
Pero advierte que esa dinámica también modifica la relación laboral: los ingresos adicionales se convierten, muchas veces, en una herramienta de negociación individual entre cada trabajador y sus superiores.
“Esta negociación, que debe realizarse en términos de negociación colectiva, se hace de forma individual. Los compañeros quedan a merced de lo que pueden generar con sus patrones en el trabajo directo”, sostiene.
El trabajador, afiliado a ATE, cuestiona el papel de las organizaciones sindicales y habla de un “vaciamiento absoluto” de la actividad gremial.
“Dejan solo al trabajador municipal”, afirma, al describir una situación en la que los reclamos colectivos pierden fuerza y cada empleado debe negociar sus propias condiciones.
Niñez: hacinamiento, servicios interrumpidos y miedo
Noelia Gómez Sandoval trabaja en el Servicio Local de Niñez y señala que la precarización no se limita al salario. Las condiciones edilicias, la falta de recursos y las interrupciones de servicios básicos afectan el funcionamiento cotidiano de las oficinas y las tareas de acompañamiento.
“Las condiciones de trabajo son muy complejas. Estamos atravesadas por la misma situación económica, pero también por el hacinamiento que tenemos en nuestras oficinas y la falta de recursos necesarios”, explica.
A ese cuadro suma los cortes de luz y de agua que, según relata, se registran en el edificio donde trabajan.
La trabajadora recuerda que años atrás hubo medidas de fuerza y actividades frente al Municipio que permitieron conseguir numerosos pases a planta. Sin embargo, describe un presente sindical diferente, con menor participación y temor entre compañeros y compañeras.
“Hay compañeros y compañeras que tienen miedo de acercarse a una asamblea, que tienen miedo de parar”, señala.
Según su testimonio, ese temor se alimenta de advertencias sutiles vinculadas con la posibilidad de pasar a planta y de otras situaciones que terminan limitando la participación gremial. A eso se suma el miedo a perder el trabajo, una preocupación que atraviesa a distintos sectores.
Enfermarse también cuesta
Gómez Sandoval cobra alrededor de un millón de pesos mensuales, aunque precisa que su sueldo básico ronda los 500.000. El resto se compone de otros conceptos salariales.
Pero ese ingreso tampoco está garantizado en las mismas condiciones ante cualquier circunstancia. La trabajadora relata que, cuando debe tomar una licencia médica, sufre un recorte en la remuneración.
“Enfermarse implica que vos cobres menos plata”, afirma Noelia porque la ausencia es recorte y ajuste. Sin servicio prestado no hay pago.




MÁS HISTORIAS
Se lanzó la página web de la Secretaría de Seguridad
“El presupuesto universitario 2027 es del 0,5% del PBI, como en 2003”
El Galpón de Francisco Álvarez (Parte II)