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Este jueves 3 de septiembre se cumplen tres meses de la muerte de Samuel Sofía Centurión Ávila. Milagros Ávila Elizabeth recuerda que desde el momento del nacimiento de su bebé, el 7 de mayo, sufrió violencia en el Hospital Mariano y Luciano de la Vega, donde —según denuncia— profesionales de la salud se refirieron a su hijo con términos estigmatizantes, le negaron información y lo separaron de ella sin explicaciones médicas claras. Su reclamo también apunta a la ausencia de perspectiva de género y de un abordaje adecuado frente a una situación de intersexualidad.


Una niña escucha a su madre mientras permanece de pie. Detrás, una fotografía de Samuel Sofía. Para Milagros, esa imagen representa hoy mucho más que un recuerdo: es la razón de una lucha que comenzó el 7 de mayo de 2026, cuando su bebé nació por cesárea en el Hospital Mariano y Luciano de la Vega.


El nombre también forma parte de esa lucha. Durante el embarazo, las ecografías no habían permitido determinar el sexo del bebé. Hasta segundos antes de la cesárea, Milagros había decidido que, si era varón, se llamaría Samuel y, si era mujer, Sofía.


Pero después del nacimiento recibió la violencia como respuesta.


“Cuando sacan el bebé, se van todos los médicos horrorizados, más que asombrados”, relata. Una enfermera primero le informó que había tenido un varón y, poco después, que había tenido una nena. Frente a la incertidumbre, Milagros pidió que se respetara el nombre que había elegido: Samuel Sofía.


La situación, según su relato, estuvo marcada desde el comienzo por la exposición de la genitalidad de su bebé y por la ausencia de explicaciones adecuadas.

“El médido trae a mi bebé y me muestra los genitales. Yo no vi nada en el momento porque tengo miopía, no veo de lejos”, cuenta. El bebé fue llevado a Neonatología poco después de nacer, según denuncia, para observar su anatomía genital.


Mientras otras madres tenían a sus bebés junto a sus camas, Milagros permanecía sin poder verlo.


“Yo ni la cara le vi a mi bebé. A mi bebé lo conozco recién al otro día”, recuerda.


La separación se produjo además en un contexto que, según cuenta, estuvo atravesado por expresiones violentas y discriminatorias. A las 16:30 comenzó a reclamar a los gritos que le devolvieran a su bebé. Fue entonces cuando, según su relato, uno de los médicos le dijo que se lo había llevado porque “tu bebé es un deformado”.


La expresión marcó uno de los momentos más dolorosos para Milagros.


“Deformado vas a quedar vos cuando a mí se me pase la anestesia y te agarre. Porque estás hablando de mi bebé. Háblame con términos médicos o con términos humanos”, recuerda haber respondido.


Ante su insistencia, una acompañante logró obtener una fotografía del bebé. Esa imagen fue la primera que Milagros tuvo para conocer el rostro de Samuel Sofía.


“No informaste, desinformaste”


Al día siguiente del nacimiento, cuando fue a buscarlo, asegura que un profesional le manifestó: “Acá el que manda soy yo. Vos no te lo podés llevar”.


Milagros cuestionó además que le suministraran leche de fórmula pese a que ella podía amamantar y que no había autorizado esa alimentación.

Según su palabra, la discusión terminó con una amenaza de intervención del Servicio Local (Niñez), además de una eventual evaluación psiquiátrica.


“Si vos no hacés caso a lo que yo te estoy diciendo, que yo soy el jefe del piso, llamo a Servicio Local, a Niñez y hasta pericias psiquiátricas le hacen a la madre y te pueden sacar el nene”, recuerda que le dijeron.



“Si vas a llamar a Niñez, Niñez se supone que interviene a beneficio de los niños. Entonces le digo: ‘Los llamo yo’”.


Finalmente, el bebé fue llevado junto a ella luego de unos análisis que, de acuerdo con lo que le informaron, habían dado bien. Sin embargo, asegura que nunca encontró esos estudios en la documentación que posteriormente pudo revisar.


La violencia como arma institucional


Milagros guarda en su memoria cada frase que escuchó en el Hospital Mariano y Luciano de la Vega. Mientras esperaba la cesárea, relata que escuchó comentarios despectivos de profesionales hacia otras mujeres internadas.


“Escuchaba como las primeras estaban: ‘Ah, la que está por el séptimo hijo, la guaranga, la sucia’. Y era horrible cómo hablaban de las otras mamás”, cuenta.


En ese mismo espacio, recuerda haber visto carteles sobre la denominada “hora de oro”, vinculada al contacto inmediato entre el recién nacido y su madre.


Milagros recibió una epicrisis con datos incorrectos: su nombre, su documento, la edad gestacional y el peso del bebé. En ese documento figuraba además “sexo femenino”.


Posteriormente, por su exigencia, se confeccionó otra documentación con datos diferentes y el campo correspondiente al sexo quedó en blanco, tal como ella había solicitado.

Como madre decidió no definir la identidad registral de su bebé hasta contar con mayor información.


“No me interesa si es un nene o una nena. Decime si le pusiste las vacunas que le tenías que poner, si le sacaste sangre”, sostiene.


En el Registro Civil del propio hospital le informaron que tenía un plazo de 40 días para realizar la inscripción. Su intención, explica, era esperar los estudios correspondientes y evitar una intervención quirúrgica sobre su bebé hasta que pudiera decidir por sí mismo en el futuro.


Salud mental: “La única vez que vinieron es porque yo las llamé”


La dimensión emocional tampoco encontró, según Milagros, una respuesta institucional suficiente.


Ella misma pidió hablar con Salud Mental. Tres psicólogas acudieron a la sala, las escucharon y luego se retiraron.


“La única vez que vinieron es porque yo las llamé”, afirma.


Milagros cuestiona especialmente la falta de acompañamiento ante una situación de extrema vulnerabilidad.


En ese sentido, relaciona su experiencia con el impacto que puede producir una situación de violencia sobre una mujer que acaba de atravesar un parto y que además enfrenta incertidumbre respecto de la salud y la identidad de su bebé.


“Una mamá en el estado vulnerable que yo pasé bien se podría haber suicidado y ellos no se iban a enterar”, sostiene.


El pedido de derivación al Garrahan


Después de obtener el alta, Milagros llevó a Samuel Sofía a la Ciudad de Buenos Aires. Antes, mantuvo una reunión con autoridades del Hospital de Moreno.


Fue recibida por el director Matías Provenzano, una trabajadora social y el doctor Ramón Larcade, quien se presentó como jefe de Neonatología.


Milagros llevó consigo la documentación que había logrado reunir y relató todo lo ocurrido.


En ese encuentro explicó que quería llevar a su bebé al Hospital Garrahan para realizarle un cariotipo y estudios especializados. También dejó clara su decisión de no someterlo a una intervención quirúrgica destinada a definir su sexo y esperar a que pudiera decidir cuando fuera mayor.


Fue entonces cuando, según relata, Larcade le ofreció realizar una derivación.


Para Milagros, esa decisión llegó demasiado tarde.


“A mí no me tendrían que haber dado el alta. Desde el día uno, nace Samuel Sofía. Antes de maltratarme, antes de hacerme pasar ese fin de semana de horror, no sabés manejar la situación, no estás capacitado. Haceme un traslado. Llevame a un hospital especializado”.


La derivación finalmente llegó por WhatsApp. En ella figuraba “Ávila Samuel, sexo masculino”.


En el Garrahan encontró otra forma de atención


Cuando llegó al Hospital Garrahan, Milagros encontró una experiencia completamente diferente.


Relata que Samuel Sofía fue recibido por un equipo interdisciplinario integrado por profesionales de Salud Mental, Genética, Endocrinología y otras especialidades.


“De repente estaban alrededor de mi bebé y alrededor mío, pero con una calidad humana. No era solamente ‘ponete allá y acá trabajamos nosotros que sabemos’. No, era todo en conjunto”, destaca.


Durante esa jornada se realizaron análisis y estudios. Para el viernes estaba previsto realizar estudios sanguíneos, incluido el cariotipo.


Pero ese mismo viernes, mientras se preparaban para continuar con los estudios, Milagros comenzó a notar que su bebé respiraba de manera diferente.


“Ya el viernes cuando me levanto a las 5 de la mañana ya respiraba raro”, recuerda.


Samuel Sofía no llegó a cumplir un mes de vida.


Una muerte que exige respuestas


La muerte de Samuel Sofía no puede ser separada de los días previos, sostiene Milagros.


Su denuncia incluye la violencia obstétrica, los términos estigmatizantes utilizados por profesionales, la separación del bebé, la falta de información, las amenazas de intervención de organismos de Niñez, las contradicciones en la documentación y la ausencia de un acompañamiento adecuado.


Milagros quiere acceder a la historia clínica completa, conocer los resultados de los estudios realizados y obtener una explicación médica precisa sobre el deterioro de Samuel Sofía.


A tres meses de su muerte, Milagros vuelve sobre aquella historia no solamente para reconstruir lo sucedido sino buscando justicia, algo de reparación frente a lo irreparable. Como mujer y madre lo dice abiertamente: «No voy a parar hasta que estos médicos de porquería se queden sin matrícula».