Por Juan Manuel Astiazarán.- La inclusión de bebidas alcohólicas en el congelamiento de precios desató críticas insólitas de periodistas y referentes de la derecha pero también la demagogia del secretario de Comercio, Roberto Feletti. Un show mediático exagerado, donde lo que menos se discute es acerca de las necesidades alimentarias y el precio de alimentos básicos como la carne, que en el último año aumentó 25% por arriba de la inflación.

El tibio congelamiento de precios que anunció el Gobierno, después de dejar correr aumentos en productos esenciales para el consumo, despertó un debate con mucho ruido mediático por la presencia de 96 bebidas alcohólicas en la lista. Desde el momento en que esta se dio a conocer, las principales empresas periodísticas del país salieron a defender el “derecho” de las grandes corporaciones a remarcar a su antojo, por más limitada que sea la medida oficial. Para esa tarea hicieron especial hincapié en cuestionar la inclusión las bebidas alcohólicas en el listado, con los clásicos prejuicios gorilas que las caracterizan.

Pero a la campaña mediática se le sumó la respuesta del secretario de Comercio, Roberto Feletti, quien durante una entrevista radial con la periodista Nancy Pazos habló sobre “el derecho de los trabajadores a tomarse un vino en las fiestas” y aprovechó para hacer un poco de demagogia. “La política alimentaria no es arroz y fideos, en la Argentina el consumo es diversificado y una herencia del peronismo es que cada quien pueda comprarse más o menos lo que quiera”, aseguró.

¿Se puede hablar de “fiestas felices”, como despectivamente lo hace el diario La Nación, por encontrar productos etílicos en la medida? ¿Es cierto lo que dice Feletti, acerca de la herencia peronista de acceso a los bienes de consumo por parte de la población trabajadora?

El debate tiene mucho de show y ruido mediático, pero deja en segundo plano por lo menos dos aspectos que son muy importantes a la hora de hablar de política alimentaria.

En primer lugar, las ganancias de las empresas, incluídas las vitivinícolas, no han dejado de crecer. En la industria del vino las exportaciones (el principal negocio del sector en facturación) comenzaron a crecer y se combinan con un muy bajo costo en dólares, a causa de la devaluación del peso. Según un informe de la IERAL, de la Fundación Mediterránea, en el primer semestre de 2021 la exportación de vinos varietales fraccionados aumentó un 14% en el volumen interanual y registró un 6% más en su precio en dólares.

En segundo lugar, y más importante aún: poner el foco en 96 productos de una lista de 1.432 (menos del 10% de la oferta total, que supera los 14.000 productos), es esconder el verdadero debate. En Argentina, bienes esenciales para el consumo alimenticio como la carne y la leche aumentaron en el último año un 25% por encima del número de inflación, volviéndose cada vez más inaccesibles.

“En un país donde la mitad de la población es pobre y el 11 % es indigente, no puede ser que los grandes grupos económicos tengan ganancias exorbitantes en medio de una sociedad donde cada vez aumenta más la pobreza y la indigencia” había asegurado hace unos días atrás Héctor Polino, referente de la organización Consumidores Libres, en el programa Alerta Spoiler. Esos datos son más graves si se tiene en cuenta que los sectores más pobres destinan más del 45% de sus ingresos a la canasta de alimentos.

¿No es ridículo debatir si está bien o está mal incluir 96 bebidas alcohólicas en la medida gubernamental cuando este es el contexto?

¿Y el derecho al asado?

Comer carne es un lujo que cada vez pueden darse menos personas. En el 2020 el consumo de carne vacuna por habitante había finalizado en 49,7 kilos, el más bajo de los últimos 100 años, a pesar de que la faena de animales había aumentado un 0,6% interanual y alcanzó el volumen más alto de la última década. ¿Cómo es posible este contraste? Hay dos datos que lo grafican muy bien.

Por un lado, en el país el valor del Salario Mínimo, Vital y Móvil (que fija las jubilaciones y las asignaciones de Anses como AUH o AUE) está en apenas $ 29.160 y recién en febrero de 2022 alcanzará los $33.000. Y eso que viene de aumentar tras la derrota de las PASO.

Por el otro, el Gobierno viene de habilitar la liberación de exportación de carne a China, una medida que había empezado el 20 de mayo cuando hubo una fuerte suba de precios y que las patronales del sector reclamaban a gritos por su fin. Aun así, en agosto pasado los precios promedio de la carne vacuna marcaban un aumento del 77,7% en los últimos doce meses, según datos del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina.

Los datos grafican lo lejos que quedó la realidad del slogan de campaña del Frente de Todos en 2019. “Los que gobiernan ahora te dijeron que ibas a llenar la heladera, pero sigue vacía” dijo Nicolás del Caño hace tres días en el debate de candidatos de la provincia de Buenos Aires.

Las estadísticas muestran como el asado (y cualquier corte de carne) se convierte en un lujo inalcanzable. Es importante analizarlas si lo que se quiere es debatir en serio sobre la crisis y la política alimentaria, y alejarse de la demagogia de Feletti que busca darle épica a una medida completamente insuficiente y que sólo durará tres meses.