Lautaro tiene 17 años. Su infancia transcurrió en el Plan Federal de Viviendas Lomas de Casasco. Recuerda un sendero: de la escuela a la casa. La calle, los espacios públicos tenían sus complejidades. Ahora, en su presente, toma cartulinas, hojas, los lápices en uso y traza mensajes que son obras, expresión del Conurbano que retrata la cotidianidad. De regreso al barrio donde creció camina por la plaza. En el playón de cemento dibuja a la institución ausente que cuando llega hace estallar el plomo y actúa por portación de rostro, una política de estigmatización que ya no es interpelada.
Lautaro dispara arte:




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