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La paciencia se agota. Los números no cierran. Y la bronca empieza a organizarse. Esta fue la mirada de Anticipos Diario al presenciar la reunión de la Regional FESIMUBO que se realizó en Morón y de la que participaron los Secretarios Generales y Dirigentes Gremiales de todo el Oeste. Los trabajadores municipales advierten que la discusión salarial dejó de ser técnica para convertirse en política. Ya no se trata solamente de “acompañar la inflación”: se trata de sobrevivir con sueldos que, en muchos casos, no alcanzan la línea de pobreza y rozan la indigencia. Lo que hasta ahora era malestar silencioso empieza a tomar forma de advertencia pública.


Morón: paritarias que empatan la inflación, pero no le ganan a la pobreza


El Secretario General del Sindicato Municipal de Morón, Gustavo Sanz, defendió la mecánica de negociación del año pasado, aunque reconoció el problema estructural que sigue intacto. “El año pasado tuvimos paritarias todo el año. Fueron bimestrales, acompañando el índice inflacionario, más un 1% adicional acordado entre el gremio y el municipio”, le dijo a Diario Anticipos.


Y luego agregó: «En términos técnicos, el esquema evitó un derrumbe mayor del salario real. Pero en términos concretos, el trabajador municipal sigue corriendo de atrás».


El dato que expuso es contundente: «alguién que ingresa a trabajar en Morón cobra alrededor de 300 mil pesos al mes, cifra que puede trepar a 350.000 mil como mucho. Esto ocurre en un país donde la canasta básica total supera largamente ese monto para una familia tipo, la ecuación es brutal: el salario municipal no saca de la pobreza».


“El sindicato está planteando una recomposición real, más allá del índice inflacionario. Los salarios están muy depreciados”, señaló.


La presión ahora apunta directamente al Ejecutivo encabezado por el intendente Lucas Ghi. “Esperamos decisiones concretas. Que la mejora llegue a los sectores más necesitados. Ya no alcanza con empatar la inflación. Hay que recuperar lo perdido».


Una persona adulta sola necesitó alrededor de $440.226 mensuales para no ser considerada pobre.


Un hogar de cuatro personas (dos adultos y dos hijos) necesitó aproximadamente $1.360.299 mensuales para no caer bajo la línea de pobreza en enero de 2026.


Desde General Rodríguez: “Las discusiones se ganan en la calle”


Si en Morón el tono es firme, en General Rodríguez es abiertamente combativo. Al punto que arranca diciendo: “Toda la vida las discusiones se ganaron en la calle. Nunca se arregló nada en una oficina. Jamás”.


La frase no es una metáfora. Es una advertencia. El Sindicato General Rodríguez ya habla de plan de lucha si las negociaciones no avanzan. Y el contexto económico agrega dramatismo: “Hoy la gente tiene que elegir entre pagar las tasas municipales o comer. Y la mayoría elige comer. Por eso cae la recaudación”.


La caída de ingresos municipales es un hecho en varios distritos. Pero los gremios sostienen que el ajuste no puede recaer sobre los trabajadores. La tensión se traslada a una pregunta incómoda: ¿quién absorbe la crisis? ¿El Estado Municipal o el empleado que cobra por debajo de la línea de la pobreza?


La Matanza: básicos de indigencia y 1.800 trabajadores precarizados


En el distrito más poblado de la provincia, el panorama es todavía más áspero.


“Tenemos un básico de 200.000 pesos. Cuando se conforma con adicionales llega a 600.000, pero seguimos por debajo de la línea de pobreza y arañando la indigencia”, le dijo a Diario Anticipos un dirigente gremial del Sindicato Municipal de La Matanza, cuna del FESIMUBO junto a Morón y San Isidro.


El número desnudo impacta: 200.000 pesos de básico en un municipio con millones de habitantes. Según denunció el dirigente, existen 1.800 monotributistas dentro del municipio, una modalidad que implica precarización laboral, inestabilidad y menores derechos. Las condiciones edilicias tampoco quedan afuera del reclamo: “En diciembre denunciamos la situación del cementerio de Villegas: falta de ropa adecuada, problemas eléctricos, falta de agua y sin conexión al sistema municipal”.


El diálogo con el intendente Fernando Espinoza aparece —según describen— únicamente en el cierre de paritarias. “El diálogo es cuando se habla de dinero. Pero antes no sabemos si todos los reclamos le llegan. Los funcionarios que él nombra deberían resolver”. La crítica es doble: salarial y de gestión.


Luján y la tensión política dentro del peronismo

Desde Luján, la discusión dejó de ser solo económica para volverse ideológica.


Santiago Vera, Secretario General de los Municipales de Luján, le dijo a los intendentes peronistas: “Le pedimos aumento salarial al partido peronista, no al partido de Milei. No nos pueden venir a remarcar el 1% del gobierno nacional”.

La frase expone una grieta interna: los gremios municipales —históricamente alineados con el peronismo— ahora cuestionan a intendentes de su propio espacio por trasladar el ajuste nacional a las paritarias locales.


“A los intendentes les incomoda lo que decimos en la mesa, pero miran para otro lado porque no quieren hacerse cargo de que hoy están haciéndose amigos de un poder político que baja el salario”.


En Luján, el salario básico ronda los 400.000 pesos, muy lejos de cubrir el costo real de vida. La incomodidad ya no es privada. Es pública.


El riesgo de un efecto dominó


La fotografía general es inquietante:

  • Salarios iniciales que no superan la línea de pobreza.
  • Básicos extremadamente bajos.
  • Precarización creciente vía monotributo.
  • Caída de recaudación municipal.
  • Paritarias que empatan la inflación, pero no recuperan poder adquisitivo.
  • Tensiones políticas dentro del propio peronismo local.


Una combinación es explosiva. Porque cuando el trabajador estatal tiene que elegir entre pagar la luz o llenar la heladera, la discusión deja de ser porcentual y se convierte en estructural. Y cuando los sindicatos empiezan a decir públicamente que “las discusiones se ganan en la calle”, el conflicto deja de ser una hipótesis. Ya empieza a ser una posibilidad concreta.


(1) Andrés Linares en DIARIO ANTICIPOS