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La noche del 26 de febrero de 2023, después de salir de su trabajo en el peaje de Autopistas del Oeste, fue la última noche de Albano Cochiarella. Tenía 39 años y fue asesinado en el barrio Santa Julia, en La Reja, cuando dos hombres que se movilizaban en una moto lo persiguieron para robarle su rodado. Uno de ellos, menor de edad al momento del hecho, fue quien efectuó los disparos mortales.


Desde entonces, el periodista y colega Rodrigo Solórzano siguió el caso de manera permanente. No lo dejó nunca. Indagó, avanzó sobre cada instancia de la investigación y fue informando la larga secuencia policial y judicial que finalmente permitió identificar y capturar a los responsables del crimen.


En octubre de 2023 fue detenido Mauricio Cortez. En noviembre de 2024 fue capturado A.C.A., quien era menor de edad cuando ocurrió el asesinato. En ese momento, la Fiscalía de Responsabilidad Penal Juvenil estaba a cargo de la Dra. Alejandra Piqué.


Ahora se conocieron las condenas.


El 23 de junio pasado, la Dra. Silvina Beatriz Giumelli, integrante del Tribunal Oral Criminal Nº 4 del Departamento Judicial de Mercedes, actuando de manera unipersonal, avaló el acuerdo alcanzado en el juicio abreviado seguido a Mauricio Cortez, actualmente de 24 años.


Cortez fue condenado a 15 años de prisión de cumplimiento efectivo, al ser considerado penalmente responsable de la muerte de Albano Cochiarella en calidad de coautor. En la resolución también pesó su condición de reincidente, ya que contaba con antecedentes penales.


En el caso de A.C.A., quien según quedó acreditado en el expediente fue quien efectuó el disparo que terminó con la vida de Albano, la situación judicial fue diferente debido a que era menor de edad al momento del crimen.


A.C.A. alcanzó la mayoría de edad el 8 de abril de 2023, apenas un mes y diez días después del asesinato. La condena había sido evaluada en enero de este año, luego de un juicio abreviado celebrado meses antes.


En el Juzgado de Garantías del Joven, a cargo de la Dra. Mirta Guarino, se analizaron las medidas correspondientes. Se tuvo en cuenta, entre otras cuestiones, que se trataba de un delincuente “primerizo” y se aplicó la reducción correspondiente al régimen penal juvenil. De una sentencia inicial de 12 años de encierro, la pena terminó fijándose en 6 años de prisión.


A.C.A. cumple actualmente la condena en una unidad carcelaria especializada para adultos jóvenes.


Albano tenía 39 años aquel domingo de febrero de 2023. Los 40 los iba a cumplir el 7 de marzo.


Rodrigo Solórzano lo conocía desde que era adolescente.


“Un pibe excelente”, lo describe quien siguió durante estos años cada capítulo de una causa que todavía duele. Albano había atravesado dos golpes durísimos que le dio la vida: las muertes de su madre y de una de sus hermanas, Aldana. No sin dificultades, logró salir adelante.


Tuvo una hija, que actualmente vive en España junto a su madre. Estaba en pareja con Evelyn, a quien Solórzano describe como una “maravillosa y amorosa chica”.


Sus restos descansan en el cementerio municipal de Moreno, a unos 300 metros del lugar donde lo mataron por una moto.


No hay que olvidarlo.


“A mi hijo no lo recupero”


Su papá, Luciano, se enteró de las condenas a través de un llamado telefónico realizado por el propio Solórzano. No había sido notificado por la Justicia.


La primera frase de Luciano fue contundente:


“A mi hijo no lo recupero”.


Al conocer la pena impuesta al menor, cuestionó duramente el accionar judicial.


“La Justicia es un asco, no solamente por lo que pasó con Albano”.


Y, finalmente, frente a las condenas, expresó una resignación atravesada por el dolor:


“Al menos algo hicieron”.


Nada más que decir.


“La enorme desproporción entre una condena y una vida”


Evelyn también puso en palabras el dolor de quienes quedaron del otro lado de la muerte. Lo hizo a través de un estado de WhatsApp que resume, con una crudeza difícil de esquivar, la distancia entre los años de una condena y una vida que ya no puede continuar.


“¿Cómo se mide el valor de una vida después de que alguien la pierde? Todo parece reducirse a una cantidad de años y no puedo dejar de pensar en lo que significan esos años para cada uno.

Para quien los cumple, algún día terminan. Los años pasan. Puede volver a construir su vida: trabajar, enamorarse, formar una familia, tener hijos, hacer planes, tener un futuro. Para nosotros, en cambio, esos años no terminan nunca.

Porque mientras esa persona algún día pueda recuperar su libertad y continuar con su vida, nosotros tenemos que continuar con la nuestra sin él. Con la ausencia. Con los recuerdos. Con todo lo que quedó pendiente. Con los proyectos que ya no van a existir. Con las cosas que nunca vamos a saber cómo hubieran sido.

Y eso es lo que más bronca me da: la enorme desproporción entre una condena y una vida.

Porque para nosotros no son algunos años. Son todos los años que él no va a vivir.

Todos los cumpleaños que no va a celebrar.

Todos los proyectos que no va a poder cumplir.

Todas las conversaciones que no vamos a volver a tener.

Todas las etapas de nuestra vida en las que debería haber estado.

Para ellos algunos años son una parte de su vida. Para nosotros, su muerte es el resto de la nuestra”.


Tres años después de aquella noche, las condenas ya tienen nombre y número: 15 años para Mauricio Cortez y 6 años para A.C.A.


Pero para la familia, para Evelyn, para su hija, para su padre Luciano y para quienes lo conocieron, no existe una sentencia capaz de devolver los años que Albano no pudo vivir.


Porque una condena termina.


La ausencia, no.