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En 1989 la desesperación golpeaba los cuerpos de la pobreza. Ante el desborde económico que no tenía fin y Carlos Menem que había arrasado en las elecciones presidenciales del 14 de mayo, la gente de los sectores más populares empezó a manifestar que tenía «hambre» y que no podía aguantar el alza de los precios y una hiperinflación que hacía insostenible tener algo para comer.


El 29 de mayo en Moreno se produjeron saqueos en comercios locales. Las personas se apoderaban de todos los alimentos y productos de primera necesidad, pero luego seguían electrodomésticos, cajas registradoras, entre otras cosas. 




En ese año concurría a la Escuela Primaria 13 «Rigoberto Segado». Quien escribe, ni mis compañerxs, comprendimos con exactitud que estaba pasando en las calles.


Obviamente que teníamos percepción del clima social y económico porque nuestras propias familias de los barrios San José, La Perlita, Mí Barrio, Zarza, recibían el impacto de las políticas del gobierno de Raúl Alfonsín. Pero no sabíamos los detalles que, a mis 50 años, me permiten tener HOY una noción más amplia de lo sucedido. 


Con la mayoría de mis compañerxs de estudios, en nuestra niñez fue habitual encontrarnos en los patios de las escuelas de la zona cuando acompañábamos a nuestras familias a buscar la caja PAN ( Plan Alimentario Nacional) lanzada en 1984 como la primera política masiva de asistencia alimentaria en la Argentina. 




Como las necesidades crecían para quienes sufríamos directamente las políticas económicas comenzaron a surgir las ollas populares. A mi familia, por vivir a la vuelta de la Parroquia San José Obrero, le tocó cocinar junto a la mayoría de los vecinxs, actividad que la hacía tres veces a la semana. Aún recuerdo como se pegaba a mí ropa el humo de la  leña, el sentir del barro en mis manos cuando construimos el horno al fondo de la iglesia.


Luego siguió otra forma interna de organización: cocinar en una casa y agrupar familias de alrededor para la tarea de parar la olla. En esos días era habitual despertarme y escuchar a las madres hablar de lo duro que era sostener económicamente a su grupo familiar.


En mayo de 1989 el índice de inflación llegó al 114,4% y el déficit del PBI argentino se hundía hasta el 14,6 por ciento.


En ese caluroso clima social otoñal, el 29 de mayo la noticia nacional eran los saqueos que habían estallado en Rosario, Córdoba, Mendoza y en Buenos Aires. Nosotrxs, con solo 13 años de edad, salíamos ese día de la escuela al grito colectivo entre risas de «¡saqueos carajo!», sin tener una verdadera magnitud de lo que sucedía.




A la tarde, muchxs fuimos directo a la Ruta 23 y Colombia, frente al Supermercado El Chivo. Ahí, nos encontramos con una multitud que rodeaba el lugar. Desde un árbol, cerca de las 16:30 horas, pudimos distinguir a un orador medio desalineado en su vestir que estaba en medio de la gente y la policía. Era Roque, que vivía frente a mí casa en una vieja vivienda abandonada que había sido incendiada pero que lxs vecinxs le dejaban estar por ser una persona en situación de calle. Ahí, en medio de la entrada del supermercado, entre la gente y los represores, él comenzó a decir una palabras al estilo discurso político, justo en el momento en que empezaron a llover piedras  y la policía  empezó a repartir palos y a detener personas, entre ellxs al mismx Roque.




Ahí comprendimos que la situación era pesada en todo sentido. Nos volvimos cada unx a su casa. Esa noche, Raúl Alfonsín, Presidente de la Nación, anuncia en cadena nacional el Estado de Sitio, con el acompañamiento a esta medida represiva por parte del flamante presidente electo, Carlos Saúl Menem.


Recuerdo que durante las noches mí abuelo Antonio y vecinxs, se organizaron en guardia en las esquinas porque había rumores que los saqueos se estaban realizando a domicilios también. Era despertar y ver los restos del fogón y la olla popular que era la cita colectiva para resistir en comunidad. La verdad es que nada sucedió. 


Los medios hegemónicos de comunicación informaban que eran 15 personas muertas, entre ellxs 3 fallecidos en Moreno durante un saqueo en un supermercado del distrito. 




En mí caso, desobediendo a mí mamá Alicia que nos había dicho que no saliéramos de nuestras casas, pude ver el desierto al caminar por la calle Marcos del Bueno, la nada misma y a la vez se veía a  trabajadorxs y dueños de negocios antricheradxs.


Mientras todo era un caos en movimiento en las calles, el miércoles 31, Alfonsín invitó a Menem a dialogar en la residencia de Olivos. Ahí, el Presidente señaló la posibilidad de indultar a militares acusados de violaciones a los derechos humanos. Menem esquivó esa iniciativa señalando que era responsabilidad del gobierno radical y no la de él ,que aún no había asumido su cargo. El sábado 3 de junio de 1989 el presidente electo, Carlos Saúl Menem, designaba su gabinete y finalmente el 8 de julio se hizo cargo de la Presidencia.


Aquellos días aciagos de finales de los ’80 tendrían una reproducción en diciembre de 2001 explosión social, piquete y cacerola la lucha es una sola, regreso de los saqueos.


Hablar de lo sucedido no es romantizarlo, todo lo contrario. Es poner en foco la crisis socioeconómica que atravesaron las familias de trabajadores ocupadxs y desocupadxs. A 37 años del día más violento de la hiperinflación, estado de sitio, saqueos y muerte, se ha reforzado la informalidad y precarización del trabajo… mientras los ricos se hacen más ricos.