POR JORGE RULLI (1) –
Sería quizá éste el epílogo absolutamente ridículo e irremediablemente trágico de una epopeya y de una épica que, de un modo u otro condicionó con su odisea toda la segunda mitad del siglo veinte de la Argentina y que, en su momento expresó el grado más alto de conciencia y de energías compartidas del Pueblo argentino. En esta noche triste en que no solamente velamos a miles de compañeros martirizados sino también a muchas de nuestras ilusiones, hagamos silencio para sobreponernos al grotesco y a lo esperpéntico de estos personajes estrafalarios y simiescos, porque «repiten gestos sin comprender siquiera la blasfemia de sus actos». Hagamos por favor silencio para escuchar también nuestro llanto interior, tengamos oídos para medir nuestra desolación y nuestro desamparo existencial frente a lo indecible. Pensemos que probablemente, lo que produjimos en aquellos años en la Plaza de Mayo, lo que hicieran nuestros padres rebelándose como argentinos y criollos, montándose en el techo de los tranvías y cruzando como podian el lodoso riachuelo, lo que justificó la muerte joven de Passaponti frente a Crítica en la Avenida de Mayo, todo ello debe haber sido algo demasiado importante y hermoso, algo realmente tan pero tan extraordinario y trascendente para su época, como para que merezca y sea capaz de generar al modo de un horripilante y desmesurado Anticristo y tal como se imaginaba el aserto en los primeros siglos cristianos, semejante engendro… un engendro tan horrible, tan inhumano y cruel….
(1) Militante de la resistencia peronista en el año 1955. Hoy, militante del Grupo de Reflexión Rural.




MÁS HISTORIAS
Daer: «Axel es el mejor candidato del peronismo para conducir Argentina»
“Esto me pasó porque soy una parte de Milei»
«Kicillof quiere instalarse como candidato, no le importa el hambre de los pibes en las escuelas»