A fines de 2024, el Honorable Concejo Deliberante de General Rodríguez sancionó una ordenanza que declaró la emergencia en salud mental en el distrito. La medida surgió luego de una seguidilla de suicidios que involucró a personas de distintas edades y sin un patrón común evidente, pero que expuso una situación de desborde que debía ser abordada desde todas las áreas del Estado municipal.
A partir de ese diagnóstico, durante 2025 se conformó una mesa de trabajo intersectorial impulsada por el intendente Mauro García. El espacio reúne a la Secretaría de Géneros, Políticas Sociales y Derechos Humanos, la Secretaría de Salud, Desarrollo Social, Jefatura Distrital, representantes de los hospitales, áreas de educación y prensa, entre otras dependencias municipales y provinciales.
Mariana Galván, Secretaria de Géneros, Políticas Sociales y Derechos Humanos, destaca que la decisión política del intendente fue construir una herramienta municipal para intervenir de manera integral en una problemática que no puede quedar limitada a la mirada médica.
“Para nosotros, Mauro promueve muchísimo la integralidad en el abordaje. Salud participa, pero entendemos al sujeto como un ser social que requiere todas estas miradas”, explica.
La mesa se reúne una vez por mes, aunque desarrolla actividades todas las semanas. Uno de sus principales objetivos fue elaborar el programa Entornos saludables y libres de violencia, destinado a las escuelas secundarias del distrito.
Equipos interdisciplinarios en las escuelas
El programa se implementa mediante equipos interdisciplinarios que trabajan de manera articulada con las instituciones educativas provinciales. La propuesta contempla tres intervenciones simultáneas: un equipo aborda a los adolescentes en el aula, otro trabaja con las familias o adultos responsables y un tercero, coordinado por Jefatura Distrital, acompaña al personal de las escuelas.
Los equipos municipales están integrados por docentes, psicólogos, trabajadores sociales y otros agentes de las áreas que participan de la mesa.
“Las tres intervenciones funcionan simultáneamente y tienen una coherencia en el recorrido. Se establecen prioridades: vamos a este barrio, vamos a aquel. Eso lo determina Jefatura Distrital”, señala Galván.
El municipio ya recorrió prácticamente todas las escuelas secundarias del distrito y prevé completar las instituciones pendientes durante 2025, con el objetivo de realizar un nuevo recorrido en 2026.
La intervención no se limita a una visita puntual. El propósito es que cada escuela pueda continuar el proceso y cuente con un equipo municipal de referencia al que pueda recurrir cuando sea necesario.
“La escuela sabe que puede llamar. No es que nosotros pasamos, saludamos y nos vamos. Si la escuela sabe que hay un equipo que puede intervenir, articular y darle continuidad a un proceso que es largo, ahí funciona lo que se llama política integral”, sostiene.
El dispositivo contempla jornadas de trabajo de aproximadamente cuatro horas en cada institución. Ese tiempo permite construir un anclaje concreto y detectar las necesidades específicas de cada comunidad educativa.
Los talleres no se aplican de manera uniforme. Se diseñan a partir del diagnóstico de cada escuela y de la información que aportan los equipos de orientación escolar. Las temáticas pueden incluir bullying, violencia áulica, angustias, consumos problemáticos, falta de perspectivas y situaciones de vulneración de derechos.
La escucha como punto de partida
Para Galván, una intervención en salud mental debe comenzar por una escucha atenta y situada. La persona que llega al Estado no es un sujeto vacío, sino alguien que cuenta con una historia, vínculos, recursos y redes que deben ser reconocidos.
“Necesitamos escuchar con atención para ver cuáles son las redes que sostienen a esa persona. Si tiene familia, si tiene un sostén, si cuenta con determinadas herramientas materiales y simbólicas”, explica.
Desde esa perspectiva, la medicación o la denuncia no necesariamente constituyen el primer paso. Pueden ser herramientas necesarias, pero no reemplazan la construcción de una estrategia de acompañamiento.
“La escucha de ver qué tiene, qué lo sostiene material y simbólicamente, nos da un escenario. Y ese escenario nos indica por dónde empezar: salud mental, género, niñez, consumo problemático o derechos humanos”, plantea.
El municipio cuenta con distintas áreas y dispositivos que permiten definir una intervención según las características de cada situación. El objetivo es que las respuestas tengan alcances y metas concretas, y que puedan sostenerse en el tiempo.
“No hay forma de pensarlo respetuosamente de otra manera. Si no, seríamos vulneradores de la situación”, afirma Galván.
Un proyecto político municipal
La secretaria considera que una política de salud mental requiere, antes que nada, una conducción política que impulse, promueva y sostenga el abordaje.
“Primero tiene que haber un proyecto político municipal que lo impulse, lo promueva y lo sostenga. Después, todas las áreas tienen que poner lo mejor de cada una para trabajar en esos proyectos”, sostiene.
En ese sentido, destaca el rol de Mauro García y su concepción integral de las políticas públicas.
“Rodríguez ha generado ese ejercicio porque tenemos un intendente que entiende las políticas de manera integral. Viene del ámbito municipal y comprende que las políticas no pueden pensarse de forma fragmentada”, señala.
La conformación de mesas de trabajo intersectoriales es presentada como una metodología habitual de gestión y no como una respuesta excepcional frente a una crisis.
“Para nosotros, las mesas de trabajo que dan respuestas concretas no son una excepción, son la regla”, afirma Galván.
El municipio también participa de otras mesas vinculadas con la Justicia, las fuerzas policiales, las violencias contra las mujeres y las diversidades. En todos los casos, el objetivo es coordinar recursos y construir intervenciones concretas.
Redes comunitarias y acompañamiento
La política de salud mental también se sostiene en las redes comunitarias. Galván destaca el papel de las vecinas, referentas barriales, promotoras de salud, manzaneras y organizaciones que continúan acompañando a las personas incluso en un contexto de fuerte deterioro social.
“Todavía está la vecina que acompaña, están las referentas comunitarias y contamos con comedores comunitarios que siguen sosteniendo. Hemos generado redes para atravesar los momentos más caóticos”, plantea.
Salud mental y consumos digitales
La mesa también incorporó el impacto de las plataformas digitales y los consumos problemáticos vinculados con el uso de redes sociales, videojuegos y apuestas en línea.
El municipio cuenta con un área de prevención de consumos problemáticos que fue municipalizada luego del corrimiento de los dispositivos nacionales. Allí se reciben consultas no solo por alcohol o sustancias, sino también por el uso compulsivo de redes y plataformas digitales.
“Si te referís al consumo de niños, adolescentes y adultos, por supuesto que lo tenemos dentro de la agenda de salud mental”, afirma Galván.
En ese marco, la mesa organizó una capacitación sobre grooming con especialistas, destinada a los equipos de orientación escolar. La actividad tuvo una amplia participación y permitió visibilizar nuevas formas de vulneración que atraviesan a niños y adolescentes.
“Somos una generación que todavía está problematizando estas situaciones. Primero estamos construyendo el problema para después pensar el abordaje”, reconoce.
La capacitación permitió reflexionar sobre el modo en que los adultos se vinculan con la tecnología. Durante años, el celular fue considerado una herramienta de seguridad para los hijos, mientras que la calle era percibida como el principal riesgo. Sin embargo, las plataformas también pueden convertirse en espacios de captación, violencia y vulneración.
El abordaje en las escuelas se diseña a partir de las necesidades de cada grupo. Los equipos de orientación escolar funcionan como un termómetro que permite definir si es necesario trabajar sobre bullying, violencia, grooming, consumos digitales u otras problemáticas.
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