REFLEXIONES PARA REPENSAR LA ENSEÑANZA DE LA ECONOMÍA –
Por Hugo Andrade (Coordinador Académico del Programa de Estudios Fiscales de la UNM)
Con el ánimo de reflexionar sobre el legado de Francisco a un año de su fallecimiento, en particular, en el ámbito universitario y no solo teniendo en cuenta su invitación al compromiso para con el cuidado de la Casa Común, al que también se ha sumado la UNM, nos proponemos compartir algunas consideraciones a propósito de repensar la formación en economía.
A la luz de la lectura de sus 4 encíclicas, los economistas están convocados especialmente a reflexionar sobre su propia profesión, tomando en consideración la idea de la plenitud de la existencia humana planteada por el Papa y cómo ello exige revisar el objeto de la ciencia, reducida a la producción, distribución y consumo de bienes, y de la política económica, hacia una “adecuada administración de la Casa Común”; en suma, redefinir lo que entendemos ampliamente por economía y consecuentemente, replantearnos, la formación de los futuros economistas que llevamos delante desde nuestras aulas.
Surge de sus conceptos, entender que la plenitud de la existencia humana no se reduce al acceso a los bienes o la garantización de cierto nivel de consumo, sino de la calidad de vida en un sentido más amplio y multidimensional de la satisfacción, lo que conlleva la “dignidad inestimable de cada persona y el amor al prójimo”. Un corolario de este planteo y en palabras del propio Francisco, es el de un actuar individual y colectivo que enfrente “la cultura del descarte y de la exclusión” que domina la economía actual y que las instituciones y los decisores públicos de la mayor parte del mundo sostienen, incluido nuestro actual Presidente, al reducir a los seres humanos a meros oferentes y consumidores de bienes, dentro de incuestionables leyes de mercado.
Si bien, es más que evidente y muchos autores desde distintas perspectivas lo han planteado en el pasado, la economía actual, basada en un individualismo extremo, es insustentable desde sus propias reglas, como así también en lo social y en lo ambiental, causando violencia individual y colectiva, derroche e indigencia por mencionar algunos de sus peores efectos; todavía no ha madurado un consenso mayor para revisar las bases en las que se asienta, tal como medularmente lo plantea Francisco en sus encíclicas y concretamente ha impulsado en su “Diálogo con los rectores de las Universidades de América Latina” en el encuentro del 21 de septiembre de 2023.1
Cierto es que dentro de las bases de la ciencia económica actual, existen muchos ejemplos de intentos de construcción de modelos orientados al bien común y la paz social, mediante el mejoramiento de la distribución del ingreso y el acceso al trabajo digno, a partir de la idea de una superación “aceptable” de la desigualdad material de las sociedades. Lamentablemente, todos estos intentos, han sido claramente insuficientes y probablemente, causantes de planteos diametralmente opuestos a estas intenciones, como los que transita la Argentina de nuestros días, precisamente por los insuficientes resultados logrados por los gobiernos populares que lo intentaron, al intentar privilegiar únicamente la dimensión de la satisfacción del consumo de las mayorías y, sumado a ello, los agravamientos producidos por los recurrentes experimentos neoliberales que alternativamente hemos vivido, y que niegan los fallos de mercado y sacralizan la intangibilidad de la propiedad privada y de la ganancia a los fines de garantizarse la apropiación extraordinaria de los ingresos y las riquezas.
En este sentido, Francisco ha sido más que explícito en criticar el pensamiento convencional de los organismos internacionales del crédito y de las usinas de pensamiento de la globalización financiera, en su insistencia en la “teoría del derrame” o en la prosperidad resultante “de la mano invisible” de los mercados, a partir del puro egoísmo individual que gobernaría las leyes de un mercado perfecto.
Hoy, estamos de nuevo más que expuestos al arbitrio de la apertura indiscriminada de la economía, ya sea a intereses extranjeros o al de los poderes económicos ampliamente y con ello, a la centralidad de la especulación financiera, bajo el planteo de un individualismo extremo que nos haría más libres para lograr satisfacer nuestros deseos de consumo, amplificando una vez más, los males de la exclusión de los débiles y la pobreza de las mayorías, como a esta altura ya evidencian, tanto en los indicadores como en la opinión de casi todos los especialistas, signos de agravamiento más que preocupantes y puros sufrimientos a los más pobres.
En la primera encíclica de Francisco, él ha sentado las bases de su pensamiento, enfatizando la centralidad de la búsqueda del bien común, consistente en hacer prevalecer los intereses comunitarios de la existencia humana por encima de los individuales, los que por otra parte no pueden ser entendidos como la mera suma de todos ellos y menos aún en igualdad de condiciones y de manera armónica; planteo que redefine sustancialmente las bases la ciencia económica hegemónica construida a los largo de los siglos.
Reconociendo la complejidad de la tarea para encarar la solución de los problemas de nuestro tiempo, y sobre la base de una visión completamente distinta de la sociedad y de la economía, nos invita a trascender lo coyuntural, a planificar las soluciones integrales que demanda la realidad, a valorizar el proceso de involucramiento del conjunto para hallar un camino de plenitud duradera e integrador, a desafiar los conflictos existentes como parte de una dialéctica virtuosa y no la negación del otro, a entender la realidad y no enfrentarla desde los modelos teóricos, a prestar atención a lo propio y situado que es invisible a los modelos totalizantes e intemporales que nos gobiernan, por citar algunas de sus ideas más significativas entre muchos otros conceptos.
Si bien, estas cuestiones han sido ampliamente debatidas por muchos teóricos de las ciencias sociales de todos los tiempos, enfatiza una mirada integral basada en la superioridad del todo a las partes de una manera más que explícita para la construcción del pensamiento y del hacer; abordaje que nos enfrenta a la necesidad de centrarnos en la inclusión de los pobres de la humanidad en su conjunto, eje central de sus preocupaciones.
En su segunda encíclica, Laudato si, refuerza los conceptos de su anterior y la perspectiva universal de su planteo, defendiendo no solo la vida humana, sino también, la naturaleza del planeta en su conjunto, para poder combatir los males de la insustentabilidad de la explotación económica, al destacar el carácter social de la “degradación ambiental y de los males del cambio climático”.2
El planteo pone en evidencia que el medio ambiente es patrimonio común y responsabilidad de todos, único modo de garantizar la plenitud de la existencia humana de manera universal, proponiendo líneas de acción y orientaciones para construir las soluciones que demanda la vida cotidiana y la sustentabilidad ambiental, sobre la base del diálogo entre las naciones (incluidas las distintas religiones del mundo) y, el aseguramiento de la existencia de las futuras generaciones, como premisa esencial del cuidado de la casa común.
Estas reflexiones, también abordan y explicitan la inconsistencia de las políticas e instituciones que gobiernan el mundo, el mal uso del poder, la incapacidad del mercado para organizar las sociedades y resolver los problemas materiales, impulsando decididamente a revistar las bases epistemológicas de la economía que estudiamos, padecemos y enseñamos.
En Fratelli tutti, desarrolla, más acabadamente aún, el principio ordenador de la fraternidad humana como valor y elemento ordenador de la sociedad y la convivencia entre las naciones y por tanto, de la economía; en línea con sus anteriores reflexiones.
El documento, no solo intenta fortalecer la solidaridad humana, sino que además, es un llamado universal a rechazar las guerras, reforzando la crítica a los planteos neoliberales detrás de las soluciones políticas que llevan adelante los gobiernos nacionales e instituciones globales para enfrentar la pobreza y la desigualdad o los problemas sociales y económicos contemporáneos.
En ese contexto, también hace referencia a los problemas de los migrantes en todo el mundo, como resultado del fracaso colectivo de todas las sociedades en garantizar no ya, la plenitud de la existencia humana, sino la mínima inclusión material de los pueblos dentro de sus naciones, sin dejar de tener en cuenta la exclusión por razones de violencia política e institucional.
Finalmente, en línea con lo anterior, en su última encíclica (Dilexit nos) concluye en remarcar que la superación de la deshumanización y el consumismo reinantes en el actual contexto de cambio tecnológico bajo la era digital que vivimos, requiere, para ser superado, una verdadera renovación espiritual de la humanidad para construir una nueva sociedad basada en la solidaridad y fraternidad que garantice la existencia de todos; reforzando una vez más, su lucha contra la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, de acceso a la tierra y la vivienda de todos los excluidos y descartados; es decir, enfatizando la necesidad del respeto irrestricto de los Derechos Humanos de todos.
Sin duda, las encíclicas de Francisco nos orientan y ayudan a reflexionar y construir una nueva economía y a poder comprometernos con la acción política necesaria para llevar adelante el bien común. A su vez, a la luz del tiempo transcurrido y los pensamientos que nos ha legado, podemos apreciar que ha sido muy claro en condenar a los poderosos y opresores, se ha pronunciado contra las leyes del pensamiento y reglas de las instituciones que nos someten a la desigualdad y la exclusión con total firmeza y, decididamente, enfrentó a aquellos que propagan discursos de odio como los que hoy nos gobiernan, dejando más que abierta una invitación, especialmente a los jóvenes, para pensar y poder ser protagonistas de una sociedad más justa y vivible en el porvenir.
Por otra parte, no es un hecho nuevo la necesidad de revisar la formación de los economistas y no sólo en la Argentina. No obstante, reflexionando sobre el legado de Francisco y en nuestro caso en particular, en vistas del momento que transitamos, nos hallamos más que interpelados en reinterpretar las décadas de frustración económica y social que ha padecido nuestro pueblo, sometido recurrentemente a la aplicación de recetas neoliberales de endeudamiento y de supuesta recreación de nuevas y más perfectas condiciones de libre mercado o de reducción del déficit para controlar la inflación, con el único resultado evidente de desindustrialización del país, mayor desempleo y pobreza.3
Precisamente, en el pasado reciente, una nueva generación de Universidades Nacionales llamadas a cumplir un papel fundamental en el desarrollo de las comunidades donde se insertan, comprometidas con la construcción de una Argentina desarrollada, moderna e inclusiva, lo que también incluye a nuestra UNM, han puesto en marcha nuevas propuestas de carreras de licenciatura en economía, contemplando mas generosamente la diversidad de enfoques teóricos de la disciplina, al incorporar corrientes heterodoxas y alternativas al pensamiento del mainstream, promoviendo de esta forma, una aproximación a la realidad económica y social, mucho más apropiada para enfrentar los desafíos del presente; pero aún así y atendiendo los conceptos de Francisco, queda mucho por hacer.
Es de destacar que, si bien, la economía política ha sufrido importantes transformaciones desde su surgimiento como disciplina y el pensamiento dominante no ha sido en ningún tiempo el único existente, este ha podido imponerse como el eje ordenador de la enseñanza en casi todas las universidades del mundo, en consonancia con los ámbitos de decisión política o institucionales que nos gobiernan, privilegiando el individualismo y el libre mercado a nivel global sobre la base de la ortodoxia económica dominante. Así, durante el Siglo XX los problemas económicos dejaron de estar vinculados con la generación, acumulación y distribución del producto entre clases sociales, para orientarse hacia la conceptualización de un agente económico universal y la toma de decisiones individuales, en función de la preferencia y objetivos de maximización, tal como lo expresan las diversas corrientes vinculadas al pensamiento neoclásico.
No obstante, en plena hegemonía de la ortodoxia neoclásica, han surgido y resurgido diversas corrientes del pensamiento, que implican una recuperación de las tradiciones de la economía política clásica (como las teorías keynesiana, kaleckiana, poskeynesiana, estructuralista o institucionalista, regulacionista, entre muchas otras) cuya diversidad ya forma parte sustantiva de la enseñanza y particularmente en las universidades de nuevo cuño como la nuestra.
En este sentido, los planteos del Papa ponen evidencia la necesidad de revisar más ampliamente la formación en la disciplina y dar un debate más profundo de todo el cuerpo doctrinal de la economía política, lo que excede el abordaje de, por ejemplo, los aspectos y problemas básicos de las economías de menor desarrollo relativo (mercado de trabajo, estrategias del desarrollo, inflación, restricción externa o intercambio desigual), y más allá de la perspectiva de los principales paradigmas heterodoxos antes referidos, con ánimo pluralista y objetivo como el que intentamos cotidianamente. En síntesis, se trata de procurar la formación de los nuevos economistas con una visión más integral de la disciplina y de los desafíos de nuestro tiempo, sobre la base de reconocer el derecho a la plenitud de la realización humana, más allá del acceso al bienestar material indispensable, conjuntamente con la gestión responsable, sustentable y ética del planeta.
Por otra parte, la UNM suscribió en 2021, la Declaración del Plenario Extraordinario del CONSEJO INTERUNIVERSITARIO NACIONAL por la cual se alentó a las Universidades a impulsar la redefinición de los curriculums académicos, de investigación y de extensión, en procura de incorporar las necesidades del contexto, de los estudiantes y las propias del proceso de aprendizaje, a fin de garantizar una mayor inclusividad y enfrentar la complejidad creciente de los saberes; dentro del cual, se inscribe el proceso reflexivo colectivo interno dispuesto recientemente para actualizar los planes de estudios y construir una nueva didáctica, acorde con las necesidades del medio en que se inserta la Universidad y de sus futuros profesionales.
En suma, el momento y proceso que transitamos resulta una inmejorable oportunidad para incorporar los conceptos propuestos por Francisco; lo que sin duda, conlleva llevar adelante un desafío más profundo e impulsar una ruptura epistemológica con las tradiciones de la enseñanza, en particular de la economía, como ciencia neutral, ahistórica y universal, cuyas leyes de comportamiento, tal como pregonan los actuales funcionarios del equipo económico del gobierno nacional, pueden parangonarse con la ley de gravedad, como fundamento para impedir la posibilidad de toda reflexión crítica o de contrastación con la pura realidad.
Es nuestra convicción que los que conformamos la comunidad UNM estamos en condiciones de encarar este desafío, no solo para actualizar la formación que ofrecemos, sino para contribuir a promover un desarrollo económico y social más justo, solidario e inclusivo de los pueblos. Sin duda, a esta altura es más que evidente que los discursos convencionales de nuestros gobernantes se encuentran muy alejados de las ideas del Papa, a favor de recrear una nueva institucionalidad estatal y global, capaz de planificar e intervenir en la economía para garantizar nuestra plena libertad y poder realizarnos todos en un plano más integral y dentro de un contexto ético y solidario.
En resumen, hoy más que nunca, cuando la universidad pública argentina enfrenta el desfinanciamiento y ataque a sus trabajadores mediante el deterioro de sus salarios, como medio para disminuirla, tal como sucede con el conjunto del sistema científico-técnico del país, queda en evidencia la relevancia del debate abierto por Francisco, convocándonos a pensar juntos el rol del Estado, los límites del mercado y las condiciones institucionales para que prospere una sociedad democrática, ética, solidaria y capaz de resolver nuestras necesidades como pueblo.
1 En dicho encuentro, el Papa privilegió el lugar de la universidad para dar respuesta a la crisis de nuestro tiempo. Planteo el desafío de convocar a los jóvenes, de desarrollar espacios de encuentro y diálogo de saberes y el deber de estar conectados con las realidades de los territorios y de los pueblos, para poder formar profesionales éticos capaces de “leer su tiempo y transformar sus territorios”, entre otros conceptos.
2 – La encíclica inclusive antecedió la aprobación de la Agenda 2030 de Naciones Unidas y de la Cumbre de Cambio Climático de Naciones Unidas (COP 21) del Acuerdo de París, del que el actual gobierno argentino amenaza retirarse oficialmente.
3– Una contribución muy valiosa sobre esta cuestión y el objeto de estas reflexiones, es el resultado de la iniciativa del Papa Francisco: “el Reporte del Jubileo. Un plan para abordar la crisis de deuda y desarrollo y construir una economía global sostenible centrada en las personas” elaborado por un conjunto de economistas de todo el mundo conducidos por Joseph Stiglitz (https://social.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/06/Jubilee-report-Spanish.pdf)




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