La joven madre sigue con la mirada a su hijo que corre por la calle de tierra y cascotes. Debe puntualizar que «muchas vecinas» desean contar cómo es la tranquilidad perdida, que la noche se recorta porque la inseguridad es síntoma de encierro vecinal, pero el temor a la exposición garantiza los silencios. No hay zonas liberadas, son «territorios gobernados» por la fuerza dominante.
Estefanía conserva la calma y desarma el miedo que gobierna esa zona de Mariló. Decide comentar que el esfuerzo de su marido fue vulnerado por un «arma de fuego que le apuntó a la cabeza». El miércoles pasado al regresar del trabajo, a pocas cuadras de su vivienda, dos malvivientes le «robaron la motocicleta que está pagando«, una herramienta que le permitía llegar a su trabajo en San Martín.
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